miércoles, 22 de abril de 2009
chek point | mukkia
viernes, 17 de abril de 2009
willkommen | tschüss
(Imagen diseñada por José Manuel Sobrino Carrasco. Uso limitado & no comercial. Publicada el 17/4/09)
Dicen las lenguas antiguas extendidas hasta nuestros días que cuando las Españas eran enormemente extensas en tierra y mar, en ellas no llegaba a ponerse el sol.
Las Españas… aquellos dimes y diretes en lenguas vernáculas… aquellos “tú dime que yo te amo”. Bésame hasta que púdranseme los ojos de no mirarte.
Ya sólo nos queda una… y podría decirse que ni queda, porque realmente es absurda la existencia de nombres y líneas imaginarias en la tierra. Una línea imaginaria debe servir para trazar un camino mental, una referencia espacial que nos ayude a desplazarnos y/o ubicarnos en el espacio. Un plano cartográfico, una carta de vuelo, la vía láctea (aunque visible), las trazas del universo entre astro y astro.
¿Pero en la tierra? De qué sirve saber si estoy en Francia o en Alemania, en Kazajistán o en Namibia. Puedo atravesarme el mundo a pié sin saber sobre qué país camino sin que ello dificulte mi marcha o mi viaje. Puedo cruzar 8341 fronteras diferentes (de municipios, provincias, comunidades autónomas, países…) hay tantas líneas imaginarias… tantas como su inutilidad.
Absurdo es el hombre porque pone límites a todo lo que toca. Maldita sea…
Siempre tuve una curiosidad amable que contar de mi vida transfronteriza. Hace dos años viajé a la República Checa para ver a mi amigo Lukas, con el que compartí casa en Inglaterra durante un mes y medio.
Nos hicimos tan buenos amigos que decidí marcharme a visitarlo a Praga (aunque él vivía en Žatecká). Viajé desde Londres en un viaje que me sorprendió por lo económico que era (no llegó a los 80 euros ida y vuelta, creo que aún guardo el billete).
Durante el viaje en autobús (que duró unas 22 horas) pude leer, escribir, dibujar, sonreír, ver tres películas en Inglés, dormirme 4 horas en intervalos de 30 minutos cada 5 horas… hablar con todos los viajeros (todos eran jóvenes estudiantes) y en ningún momento supe si estaba en Francia, en Alemania, en Bélgica o en “ChekeRepúblic” como decía Lukas en un inglés muy rápido trabalengüístico.
Si supe detectar los montes y bosques, las balsas de agua, los frondosos paisajes. A qué trozo de tierra de estado perteneciera me importaba un bledo, un real pepino, digamos que me era prácticamente indiferente. No lo supe en su momento ni quiero saberlo. No lo necesito.
Recuerdo que paramos en una estación de servicio en la frontera entre Bélgica y Alemania. Me bajé del autobús y di un paseo por el lugar con un abrigo de paño gris hasta los ojos (era noviembre y había restos de nieve bastante abundantes pero no mezquinos). Mientras me fumaba un cigarro anduve por la cuneta de la vía de servicio hasta un letrero de color verde con inscripciones en varios idiomas. Nada de español, tampoco era necesario. En inglés decía que tras ese cartel yo estaría pisando suelo Deutschlandés. Al darme la vuelta, y regresar a la estación de servicio vi de cara los carteles señaléticos que había dejado a las espaldas y que no había visto. Ahora veía una señal roja al otro lado de la carretera que decía “Bienvenue” (Bienvenidos a Bélgica) Pues bien, entre el inicio de una señal hasta la otra longitudinalmente en la carretera había una separación de unos 12 metros. Esos 12 metros no pertenecen a nadie, es tierra de nadie. Es de quien la pisa, y con suerte, de quien viva en ella. Miré al suelo y vi una extraña criatura animal de color negro. Tenía una piel muy punzante con pelo muy grueso. Solo pude ver eso de ella, y un hocico muy simpático. Era al atardecer y las luces de los coches al pasar me deslumbraban un poco. Pero pensé: esta criatura vive en un país que quizá es suyo, un país más largo que ancho (12 metros de ancho) pero quien sabe cuan largo puede llegar a ser.
EN esos 12 metros rectilíneos había 2 bienvenidas y dos despedidas. Una bienvenida en alemán (Willkommen) otra en francés (Von voyage) y decía Bienvenue a la vez pero 12 metros más allá. El que viva en esos 12 metros nunca será bienvenido y despedido en cuestión de segundos… al final regresé al autobús sin saber si estaba siendo bienvenido, despedido, willkommenido…
En un momento pisé pues 3 países a la vez. Bueno 2, porque no pude abrirme de piernas 12 metros para pisarlos a la vez los 3, pero no creáis que no lo intenté.
Luego una vez en Praga, viendo el caudal del río Moldava desde la ventana del salón de Lukas pensé en por qué entre país y país hay tanto espacio intermedio. Es para que nadie pueda decir que pisoteó a dos países a la vez. O que estuvo en dos países a la vez… eso sería una locura…
Haga este ejercicio: mire un mapamundi con todos los países delineados. Ahora mire otro de europa solo, más geográfico (no político). ¿Cambia algo?. ¿Se da cuenta de para qué sirven las fronteras? Da lo mismo que estén como que no.
Viajen cuanto quieran, desvívanse por no quedarse quietos en un lugar toda la vida, muévanse, dense prisa, visiten aquellos lugares que ni tan siquiera imaginaron nunca que pudieran llegar a existir, existan hoy sobre una duna desértica y naveguen mañana en un fiordo noruego montados en la proa de uno de esos cargueros de flota. Hagan lo que les plazca con el mundo siempre y cuando lo respeten, pero eso sí, no piensen en fronteras… piensen en que pisan una duna, navegan en un fiordo, pisan hielo glacial (eso quiere decir que están muy al norte o muy al sur de su propia casa), doquier que se encuentren oriéntense mediante/con las estrellas, los puntos cardinales, un mapa sin fronteras, el sol, la temperatura, la humedad en las caras de un árbol… precisen de lo que quieran para ubicarse (que tampoco es necesario). Las fronteras solo sirvieron y se inventaron para determinar el poder de un poderoso, para determinar “qué es mío y que es tuyo”. Pero cuando viaje, si es viajero de verdad, no sentirá que cruza líneas imaginarias, sino que surca un mundo ilimitado.
Si alguna vez nos reciben en otras tierras que sea con una buena copa de vino y sin lluvia. Y si llueve que sean copas de vino.
Willkommen. Denme y reciban un beso. Feliz día.
miércoles, 15 de abril de 2009
Saber "watch"
domingo, 12 de abril de 2009
Marcos era...
Marcos era un joven singular de 52 años. Nos conocimos una mañana de diciembre, alrededor de las 9 hace cinco años. Recuerdo que él vestía un abrigo de antelina gris con botones rematados en cuero pardo cartoné. Debajo llevaba un jersey de punto como hecho a mano de líneas grises y negras muy gruesas, una bufanda negra y unos pantalones de pana beige parisino. Los zapatos no los recuerdo con nitidez, pero juraría que eran marrones.
Sus gafas eran singulares de un alambre fino muy menudo, con las lentes circulares y que le permitían un rostro despejado. Era igual de alto que yo, las manos muy finas con manicura desechada por pérdida de tiempo. Siempre llevaba un pañuelo atado al cuello, con un nudo muy despreocupado, pequeño y siempre muy a juego con el tono de sus ojos. A veces, si el día era perecedero, elegía pañuelos con motivos decorativos muy chapados a la antigua. Bellos como ellos solos.
Marcos era arquitecto y en éstos últimos años había cambiado su concepción de ver el espacio construido… él mismo decía que le encantaba ser creativo y abandonar las líneas clásicas.
Tenía los ojos pardos, marrones muy siena siciliana. Su piel era muy blanquecina, tendiendo a carnal, su mujer es hermosa y bella, Cecilia, el que por siempre será el amor de su vida.
A Marcos le encantaban las nubes y el humo, odiaba el ruido de las máquinas. Amaba la paella en el patio de detrás de su casa los domingos rodeado de sus mejores amigos que casi al completo eran su familia. Repelía los amores no vividos.
Me pidió unas 83 veces que me casara con su hija, Cecilia, que tenía 2 años menos que yo y solfea muy bien temas de cantantes “fall in love” de los 30.
Me regaló una vez un cuaderno en blanco que tardé tan sólo 3 meses en completar con dibujos y reflexiones que después él leyó y reinterpretó dedicándole un ratito cada noche durante otros 3 meses.
Su hijo Daniel fue convirtiéndose poco a poco en una parte importante de mí. Nos hicimos vastos amigos. Me recitaba poemas de amor casi todas las tardes a orillas del Guadalquivir pidiéndome su opinión para cerrarlas y enviárselas a Úrsula, una rusa muy albina que terminó por romperle el corazón una tarde de Mayo cuando todo el mundo dormía la siesta.
Y así me convertí en el invitado culmen de las paellas cada domingo en el patio de detrás de la casa de Marcos y Daniel. Padre e hijo simulaban teoremas extraños sobre el amor y la vida. A Marcos le encantaba impacientar a su hijo lanzándole sarcasmos inventados en ruso tales como aquel que me hizo llorar de felicidad un domingo:- “Eres un Kalavnikov sin ánimo de disparar”, o aquel que a mí me dejó obsoleto cuando dijo, mientras resolvía el arroz:- “Mi hijo ha salido débil, yo sin embargo hubiera peregrinado hasta la misma Rusia caminando para decirle aunque sea que me olvide”.
Aquella frase me tuvo una semana en vilo… bendito vilo…
Lo que ocurría con Marcos era que dictaba las frases como si vomitase dialéctica hedionda y bella… no pensaba lo que decía, lo decía porque le iba la vida en ello. Era convincente y osado, muy refinado y amante del jazz.
Después de la paella siempre solíamos sentarnos a tomar mate mientras hablábamos y parodiábamos sobre cosas imbéciles de nuestras vidas. Siempre había algo en común, nunca había nada que guardarse.
Marcos era sarcástico, humorístico y leal a la risa, inteligente y muy voraz, enérgico, vivaz y fumaba en pipa 3 días en semana.
Siempre que me veía me daba un abrazo, me daba un beso y me preguntaba que por qué no me casaba con su hija. ¿Siempre igual Don Marcos?- le decía yo. Y le arrebataba una risa impávida, porque odiaba que yo le dijera Don precedido siempre de su nombre.
Marcos era un hombre que hoy ya no está, porque morir…nunca… eso si que no. No sabes cuánto te echaré de menos Don Marcos… me has dejado la voz en off… no me lo esperaba…
Descansa en paz.
martes, 7 de abril de 2009
Atomic orange
viernes, 3 de abril de 2009
imbécil perhaps
Tocado y hundido. Hay sol.
No sabría explicar cómo… es una especie de atracción casi sexual, un tanto omnipotente diría incluso… puedo estar sin pensar en ello durante horas, incluso días… pero voy acumulando participios y cosas, pequeñas estructuras y esquemas literarios silenciosos, a veces pequeñas fórmulas que me repito a mi mismo espasmódicamente hasta llegar a la sucesión del puro cansancio… creo que es un método de mantenerme alerta, de estar conectado a mí mismo. Es un apetito voraz que me lleva a escribir… y siempre sin esperarlo.
Así, hoy mismo por ejemplo, me apetece hablar de mí. Airear un poco mi vida y hacer público lo más mío y privado. Así es.
Me he equivocado muchas veces en mi vida, pero siempre fui feliz, creía en lo que hacía y mantuve la sonrisa siempre altiva. (Eso más que un objetivo era una forma de vida). Aunque a veces debo reconocer que he perdido el tiempo sin poder hacer nada por evitarlo.
He configurado un modo de vida en el que confío, y confío en él porque no sé cual ni cómo es, no se rige por ninguna norma ni coexiste preestablecido por nada. Tan sólo sé que me hace responsable de lo que viva y de lo vivido.
Vivir. Esta vez me pilló con las defensas bajas… baja la guardia e incluso las manos, la mirada y el espíritu… siempre me ocurre lo mismo, doy lo mejor de mí y acabo cavando una zanja donde sepultar la peor versión de mi mismo. Esta vez puedo justificártelo, si claro que si, por supuesto…
Puede que haya pecado un tanto de imbécil… de iluso, de mimético y un tanto de hiperlúcuo. Pero deberías comprenderme… Resulta que de pronto un día me vi embalando mi vida en cajas de cartón y cinta adhesiva, recogiendo mis plantas, mis lámparas, mis cuadros y mis atuendos, mis libros y una pequeña alfombra de tiras de madera que pisaba cada mañana al despertar… Día a día fui viendo pasar como una película velada toda mi historia… incluso imaginaba los campos de batallas, los reinos y las penínsulas compartidas… las fronteras y los mapas. Mientras, recuerdo que olía a una especie de salsa vegetal y recordaba todos los momentos felices…
Tú estabas ahí… cerca… constante… epicúrea… muy suave… muy aguda… y poquito a poco se me fue de puritito rumor el vacío de abandonar esos espacios que ya sentía un poco míos.
Me retiré tan feliz que ni miré hacia atrás… mientras cruzaba los puentes y las calles donde otros días viví adverbios y soplé velas de marfil crispado…
Ahora que no estoy allí, veo esas habitaciones vacías, los muros sin nada, la mesa vacante, las persianas bajadas, ni una sola pizca de luz en el salón, ni tan siquiera un olor, ni un ruido, acaso un rumor muy áspero venido de la calle, como de una calle adyacente… solapado con el sonido en “stand by” del frigorífico. Pero, ni un solo chasquido de mis pasos al marcharse… todo fue tan rápido y tan deseado que ni siquiera me paré a sentir que me marchaba.
Hoy, veo y vivo una nueva vida, llena de sol y nuevos olores, hay más sonidos y me concentro mejor, he adquirido la sana costumbre de soñar todas las noches con cosas que desconozco… entre ellas estás tú, muy quieta y distante, apopléjica y muy diminuta… acaso hablas nada, ni siquiera balbuceas. Y eso me hace despertar y quedarme unos minutos en vigilia masticando alguna fruta dulce hasta que vuelvo a dormirme con los labios pegados por el almíbar.
Qué diferencia pues de cuando soñaba contigo y me imbuías enfermedades dromedarias, turbado de deseo por ser deseo, y tus brazos largos y exquisitos me envolvían sin asfixiarme…
Te faltó tiempo para hacerme una cruz y no querer saber nada de mí, ni tan siquiera te preocupaste de saber si mi cuerpo sigue teniendo algo de cuerpo, o si mis manos se mantienen tibias, o si soy un payaso meditado. Dices: - Se acabó el circo.
Hiperlúcua no existe, pero es un esquema silencioso de la lengua castellana, o vernácula vete a saber, pero que tengo en mi cabeza… y para mí sí significa muchas cosas. Lástima que para ti no sea yo hiperlúcuo. Imbécil perhaps.
ACTO III
Ahora es un momento tenso de la escena, ella levanta la mirada y hace un extraño chasquido con los dedos. Tras de sí, y con la mirada en otro lugar dice: -Tengo una idea, vete y no vuelvas.
Y yo que había emprendido ya un viaje de 3cientos de kilómetros hacia ella, en el kilómetro 1, hago un giro y doy me la vuelta… ¡soy un imbécil! (dice una voz en off como salida de una nube).
Ahora yo me detengo y hago un chasquido muy sonoro y digo: - EPISODE III | i´m not in crisis. Voy a continuar con mi viaje de 3cientos de kilómetros… pero haré uno más, porque quizá tras de ti esté mi verano más perfecto. (Y hago un nuevo giro continuando la misma dirección que un minuto antes).
No estoy decepcionado… estoy difuso. ¡Ponte las gafas!. Me siento triste… pero desde éste mi satélite, toco con la yema de los dedos el mundo… y tu dices haberte marchado de él. ¡imbécil perhaps!
Fue pues un placer. Disculpe las posibles molestias & Destape la felicidad.
(Se cierra el telón, pero se queda enganchado en un saliente del decorado de cartón piedra. El protagonista principal sale a desengancharlo rápidamente, con tal mala suerte que tropieza con sus propios pasos y cae al suelo “isofacto” muriendo sin calcular la distancia y sin que los médicos asistentes en la sala (3) puedan hacer nada por salvar su vida).
Género: Tragicomedia. No todo termina como nos gustaría, y si no que me lo digan a mí.
Pero seremos felices… eso siempre. Despreocúpense de eso, atiendan a la crisis.
(Al escuchar la palabra crisis, el protagonista, que se haya tendido sobre el escenario, recupera el pulso y las constantes vitales, haciendo que la sala se ponga en pié y aplauda pavorosamente.)
FIN.