Y yo no pude contestarle ni una sola vez más. Se me quedó el teclado en blanco, no había letras, ni números... nada... me quedé como solapado, anudado... como nadando con el agua al cuello. No podía creerlo...

Mi familia dice que soy un optimista de cojones, que ya puede venir negro el paisaje que yo, no dejo de verlo verde y colorido como si con el negro no fuera la cosa.
Una vez me dijeron que era una actitud potencial que yo desarrollaba para evadirme de las circunstancias adversas.
Y una mierda.
Yo no me evado, vivo el momento. Porque creo en la solidaridad que el cuerpo desprende en ciertos momentos, creo en los instintos sobre todas las cosas, y me imagino que esa solidaridad me será de vuelta en forma de milagro obrado y un tato misericordioso.
¿Habéis dormido alguna vez en un hospital? Es casi filántropico. Un hospital huele a muchas cosas, algunas de ellas indescifrables, otras tan desconocidas que requieren más de un esfuerzo para adquirirlas. Un hospital huele dependiendo de la hora del día a alguna cosa u a otra bien diferente. Un hospital huele a sopa caliente, a frutas muy maduras, un hospital puede oler a lavandería y a los 20 metros oler a desinfectante muy potente. Un hospital huele a goma, a perfumes muy suaves venidos de fragancias muy acuosas que se dan en la piel a los enfermos después de un baño matinal con esponjas jabonosas metidas en plástico aislante porque les calma la vida un poco y reanima el proceso.
Un hospital huele a verdura, huele a diabético sonoro, a familiar venido de muy lejos, casi siempre del norte. Un hospital huele a piel tendida sobre una cama, huele a “mañana despertaremos juntos y habremos olvidado este día que ayer parecía que no iba a llegar nunca, pero si baby, como todo llegará a su debido tiempo”.
Un hospital huele a muchas cosas conjuntas, nada es uniforme, los amplios pasillos se extienden como brazos muy sagrados y cada uno de ellos contiene al menos 26 olores bien diferentes. Ninguno se repite, todos se transforman, evolucionan. Un olor a sopa se convierte en olor a sopa ya consumida, un olor a siesta se transforma en olor a verano sin grillos.
Si… es cierto… es triste un verano sin grillos…
No creo en dioses, ni alados ni mucho menos no terrenales. Creo en las cosas tales como el pan, recién hecho cada mañana. Creo en las superficies, en los elementos, en las cosas frías y en las menos frías. Creo en ti, en ti si, que me enseñaste cosas muy frecuentes. A sumar, sin usar los dedos, de cabeza, y el papel solo permitido para números centenares. Y ahora espero que aquello que me enseñaste me sirva para seguir sumando días a tu lado, los que no pude tener por una panda de ineptos que osaron no advertir tu idiosincrasia.
Te me presentabas cada mañana de verano como una pequeña diosa con tus manos siempre tibias de hacer galletas rizadas que siempre estaban calientes. Me tocabas la frente y me despertabas como siempre, con tus manos oliendo a cocina y a luz.
Siempre amé tus manos… hoy te lo he dicho y te has reído muy coqueta, haciendo como si contigo no fuera la cosa. Y no te has olvidado de que yo un verano capturaba peces en la charca para que tú me los hicieses de cena, sentados en el patio donde había más de cincuenta macetas de especies diferentes y mi ropa tendida muy limpia para el día siguiente.
Yo he visto cosas de ti que nunca nadie ha visto, he capturado momentos de ti que me han ayudado a ser lo que hoy soy: un optimista de cojones.
Me preocuparía si donde tú resides no oliera a nada. Pero ahí sigue oliendo a ti, y mientras huela a ti, olerá a cosas por hacer.
Sabes que te quiero.
Siempre, una cama grande, para disfrutar de las excelencias de dormir acompañado.
Podría considerarse un menosprecio o menoscabo decir que desearía pasarme el resto de mi vida acomodado en una pequeña cama. Los años ya me estaban diciendo lo contrario. Cada día se hace más complejo hacer el amor en ése tipo de recepciones, se salen las piernas, o las rodillas se hincan en espacios prácticamente imposibles. Las cabezas se engarzan apopléjicamente y los deseos que uno transporta a esos mismos mínimos espacios no terminan nunca de ensancharse o de extenderse y terminan, por falta de espacio, suspendidos en el aire, siendo bocado de insecto.
Aunque eso si, podría señalar numerosas ventajas de tan reducidos aposentos. Todo adquiere una pequeña alianza en tales superficies, un caos como de urbe expuesta a un domingo de post excesos. Obliga a los cuerpos a entrelazarse, a mantenerse al alcance más gratuito del contacto y los niños. Y uno se encuentra continuamente obligado a la presencia, no puede acudir en ningún momento a la escapatoria: Una ausencia se haría notar al instante, y daría que pensar más de lo que debiera.
Ella controla cada uno de tus movimientos, se arrima a cada uno de ellos como si estuviese guardando algún tipo de secreto cinestésico o mimético.
Tú amplias el descanso, y sientes que un cuerpo emite pequeñas vibraciones y un pequeño, aunque enigmático, halo de calor que a veces se convierte en vapor que acaba empañando la vista y te lleva hasta el sueño. Se hace agradable ése sueño porque se resuelve con una humedad acalóricamente fría, y porque siempre el calor atonteció al hombre.
El frío progresivo te acerca hasta el hermetismo, a fuerza de conciencia o por defecto de otro tipo de enigmas deshabitados, como si se hinchase el cuerpo paulatinamente, las sábanas se apegan fielmente al cuerpo, entregando tu estancia a una especie de vacío corpóreo. Colecciones de aire que forman un núcleo de rareza, que desemboca en un tierno e intrínseco despertar.
Eres poco consciente, tus movimientos no muestran ni un atisbo de conciencia aún y la mitad del cuerpo se mantiene rígido. La almohada ha adquirido considerablemente un grosor exquisito que inclina la cabeza y curva el cuerpo sin excesos.
A veces pienso que si el ser humano mantuviese el mismo comportamiento a lo largo del día, tan sencillamente placentero, muchas de las cosas que quedan por hacer estarían ya hechas.
La torpeza es inexorable, y todo se ha vuelto automático una vez que uno decide, verticalmente como siempre, encomendarse a un nuevo día. La forma de mezclar el mixto de café, leche y azúcar con la cuchara, el zigzagueo al cepillarse los dientes, la manera de acomodar el calcetín a la anatomía del pié. Y la casa parece que se ha convertido en un mapa, y el que la recorre no encuentra en ella sino un desarrollo de caminos por recorrer para llegar hasta los útiles.
Curiosamente he observado a algunas personas moverse por la mañana recorriendo las estancias de sus casas de un lado para otro. Muchos de ellos me han parecido robots y sé que si alguna mañana tuviese que buscar a alguno de ellos (o a su cuerpo) a las 7:36 no tendría nada más que irme hasta la cocina y remover junto a ellos el sucedáneo.
Si quiero resolver algún sistema plástico, o algún tipo de solución artística decido observarlos desde un lugar alto, como si los viese únicamente a vista de pájaro, eludiendo su personalidad física o sus formas de vestir. Tan sólo aprecio una reducida isla de traje que recubre los hombros y apenas su peinado más superficial, y nunca mejor dicho.
De los movimientos de todos y cada uno de estos individuos, si superpusiésemos una imagen sobre otra y así sucesivamente todos los días, no encontraríamos ninguna diferencia, parece como si una misma fuerza los moviese de una misma forma hasta un mismo lugar cada mañana.
Y más aún si visualizamos, durante un período, a un único individuo, nos daremos cuenta de que siempre repite los mismos gestos. Podría deberse a ése estado de duerme vela que tiende a computar ése tipo de movimientos automáticos, como si formasen parte de una memoria que actúa cuando no funciona nuestro consciente, o funciona a bajo rendimiento.
Y ésa es mi cuestión más exquisita, que me fascinan ése tipo de movimientos mecánicos o memorizados, inconscientes, que permiten que caiga la precisa cantidad de fluido en los recipientes, por ejemplo. Algún fragmento del cuerpo o del cerebro calcula la cantidad de mililitros por segundo y envía un impulso nervioso al brazo y a la mano a su vez y éstos actúan a modo de palanca para verter Si el recipiente rebosa, eso es que hubo algún fallo en el cómputo visual. Un mecanismo de ejecución externo visiblemente sencillo pero impulsado por una red interior infinitamente compleja.
¿Uno se despierta de repente cuando es pequeño con éste tipo de destrezas automáticas? ¿O es la experiencia o la síntesis de repetición la que nos lleva a tales destrezas?
He intentado levantarme muchas mañanas, después de un tendido sueño y me he puesto frente a un lienzo, siempre blanco por supuesto, Si el lienzo se encontrase ya esbozado o con una mínima representación colorista o lineal ya despertaría el intelecto y la reflexión meditada y ya todo adquiriría un carácter premeditado y reflexivo. Otro nuevo sistema que se activa y que ya, no posee ésa libertad gestual ordenada e inconsciente.
Es imposible, la mente se pervierte rápidamente. Así, en el momento en el que trazo una línea, el cuerpo o un estado asintomático detiene a mi cuerpo haciéndome esperar hasta que éste adquiera la suficiente sobriedad como para continuar ejecutando el cuadro.
Pero más allá, la lógica me lleva a pensar que la única manera de conseguir tal fin automático sería superponiendo una única pincelada sobre la otra de la mañana anterior y así sucesivamente.
El resultado puede ser altamente productivo, llevándonos hasta un punto asombroso dentro de la abstracción o de la figuración. El resultado de la superposición de 31 pinceladas ya me mostraba una puesta en escena de algo circundante con colores puros.
Es difícil para el artista esbozar un algo sin sentido, tanto que, a partir del momento en el que el pincel toma contacto con la superficie, en ése preciso momento, la mente adopta una nueva función y lo que era inintencionado, ahora forma parte de una forma de vivir y de ser, de concebir. Aunque estuviésemos dormidos o sintomáticamente en ése estado de duermevela, el trazo seguiría llevando ésa carga personal, seguiría siendo ése vehículo expresivo propio y único.
El arte no sólo requiere una mente despierta, la requiere viva.
Feliz dia

idiota.
(Del lat. idiōta, y este del gr. ἰδιώτης).
1. adj. Que padece de idiocia. U. t. c. s.
2. adj. Engreído sin fundamento para ello. U. t. c. s.
3. adj. coloq. Tonto, corto de entendimiento.
4. adj. desus. Que carece de toda instrucción.
Hoy ha llegado y ha dicho: Puede que tengas razón, quizá es por una serie de cosas que me han pasado ultimamente en mi vida que yo creia que eran tonterias pero no sé, quizá no lo son tanto.
Así que, hoy es un día para olvidar. Podéis ir en paz.

Empiezo asi mi post porque quiero parecer moderno, utilizando una sintáxis despreocupada y muy jovial, "mola", y que todos piensen que me actualizo con los tiempos. Aunque el tiempo es lo que más me ayuda a escribir hoy, me da miedo soñar despierto aunque me gusta tanto que pierdo el temblor cuando lo hago y todo ello sin ser consciente de que mi golosina favorita son los pescados del norte y las verduras al dente cocinadas con amor del bueno, ese del fogón lento y muchas horas de dedicación.
He alcanzado instantáneamente esta mañana al amanecer, tras dormir bajo el mantón de plumas compartido, sin pensar en la aves para tal efecto, una frase en una de esas hojas publicitarias que reparten al salir de los mercados de ciudad. Decía así:
- Estoy sintiendo por primera vez, creo, y aún sin comprenderlo, que el interés y la estimación que inspire una persona son dos cosas que no siempre van unidas, sin embargo siento la carne caliente en mis muslos, y ésa fuente que irradia la luz perpleja, ha cambiado los planes últimos que tuve en mi vida más última.
Esta mañana si, he sentido cosas muy nuevas, parecíera como si hubiera estrenado un traje de estos nuevos que huelen a fibra y almidón antes de un evento importante en la vida de uno mismo. Ha sido maravilloso... de hecho creo que aún me dura un poco el efecto simbiótico del momento. "Sublimoment" diría yo.
De repente resulta que he echado de menos a alguien que ni tan siquiera conozco, a alguien a quien no he visto nunca jamás. Una persona que ni tansiquiera sé si existe, si es real, ni tan siquiera sé si sueña por las noches, ni si cuando me dice que se peina frente al espejo es real o está detrás de un espejo, en otro mundo paralelo igualmente virtual. Han llegado a obsesionarme los espejos incluso. Ya me creo que al otro lado del retrovisor está ella con su largo e intenso cabello negro y su sonrisa de diosa despreocupada por los cambios del universo.
Porque sea como fuere, su felicidad no es nada virtual, me llega como en pequeños espasmos dosificados que me hacen feliz a mi también, y me hacen perder un poco el sentido y reubicarme en un espacio que me hace sentir universalmente próspero. Eso es más bello que 100 amaneceres seguidos, sin que existan de por medio los dias.
Yo puedo pensar por momentos en cosas que me inmiscuyen en ella. Aunque no sepa si existe. Pienso en amanecer junto a ella en una cama con sábanas de raso negras con estampados de la India en sienas naturales y jugos herbáceos, y ella sigue dormida, yo sólo la miro inmóvil porque me causa la impresión venerable de esas pequeñas cosas que pueden hacernos perder la nocion del tiempo. Me imagino que observarla mientras duerme debe ser uno de los espectáculos mas bellos del mundo... Hay otras veces que automáticamente y sin saber cómo aparece como en flashes muy enérgicos tumbada en una especie de prado muy verde y yo juego con ella a deslizarme pradera abajo envuelto a ella mientras ríe sin parar, causándome una bendita sordera...
Imagínense señores. Un día me da por llegar y darle una sorpresa... jugando como siempre a ser feliz. Ella solo sabría reñir, de eso estoy seguro... al descubrir la sorpresa ella cambiaría el gesto de su cara... yo me mordería los labios de verla descubrir nuevos métodos de sentirse amada, que no es poco.
Yo quiero verla retratada en un marco de acero inoxidable en la cocina, con su delantal blanco con dibujos de Mickey por todas partes. Quiero verla en la cómoda, en un pin que me pondgo todas las mañanas para ir al trabajo, donde sale ella tendiendo la ropa un domingo por la tarde mientras comemos un helado hecho por mi, un tanto afrodisiaco y de chocolate bien tratado Puleva.
Quiero sentarme junto a ella en una playa del norte o del sur, del este o del oeste, muy al atardecer, y ver esas luces intensas con ella, desde ella, y que me rodee con sus brazos mientras le canto un Siboney del 36 con un cánon de 4 compases muy perfectos y armónicos.
Me gustaría verle los ojos brillar alguna vez, verla beber de una copa muy transparente, besarle los labios húmedos de champán o de una bebida dulce muy azucarada.
Quiero verla entrar en el sueño mientras enredo mis manos en su cabello, y ser tan suave con ella que al día siguiente se levante ágil como una pluma con sus locuras benditas.
Con ella quiero gobernar las dos Castillas y Aragón, las dos Sicilias, ser rey de Portugal y Virrey de Granada y Navarra, presidente de una Federación de cosas por hacer y un ejecutivo famoso que pierda la cabeza haciendo números para que ella ría sin intereses, cotizando y con un 6% TAE de beneficios.
Pero, podéis reir una vez mas, porque esto es solo un producto más de mi imaginación. Mirad detrás de los espejos...
Yo aquí vine a los límites. Donde no hay que decir nada, todo se aprende con tiempo y océano. Hoy he aprendido un poco más, y siento que poco a poco, voy llegando a la solución del entuerto. Me noto mas feliz, mas vivaz, mas ligero, mucho más enérgico, mas contento, más preparado para todo.
Feliz dia a todos.