jueves, 29 de enero de 2009

"A" me duele

[...]
...ahora mismo no quiero nada, ni ver, ni sentir, ni recordar, ni pensar, ni olvidar, ni regresar, ni bostezar, ni dormir, ni llorar, ni correr, ni pesar, ni siquiera volar o freir, tampoco descansar ni reir ni mucho menos observar ni decidir ni tampoco andamiar ni comer. Así estás mas bella, quieta y tendida.
[...]

martes, 6 de enero de 2009

¿te equivocaste?

He tardado en escribirte tantos meses porque tenía tantas cosas que decir que a fuerza de tanto expreso se me fue cerrando la boca y poco a poco se me fue enquistando el entendimiento y fui también poco a poco rescatando los placeres y los márgenes, para no acabar metiendo la pata como hice cuando no pensé en las cosas menos bellas…

Creo que te precipitaste en todos los sentidos, sobraron las llamadas fuera de contexto y con # en los tonos que usaste, los insultos y toda aquella batería de agravios letales que no hicieron sino enturbiar el océano calmado que dejamos días atrás, cuando aún éramos niños y decidimos abandonar el camino mutuo.

Enturbiar precisamente era tu deseo y enturbiaste, pero enturbiaste tu realidad, aquella hecha de trapo y un tanto a destiempo, para intentar justificar lo que vendría días después, tu nuevo amor, el hecho de sílice, porque vino a absorber humedades de un amor con goteras por todos los lados. Pero él no te quiere, no, recuerda que amar es, al cabo, como encender una lámpara.

Intentando descentrar la atención sólo conseguiste centrarla aún más, porque uno pasea por la ciudad y ve realidades que, interrelacionadas con las propuestas por ti, falsas y muy imprecisas, crea una que encaja perfectamente. A mí me extrañó que estando en una estación de autobús me llamaras a eso de las 14:00 para decirme que me había pasado la vida engañándote, a ti te extrañó que te dijera que te habías pasado la vida engañándote tú a ti misma sin haber nada mío en ello.

Pero actuaste como era de esperar, previsible. Como una ficha de dominó supe que caerías todo abajo, como las normas y las reglas y sus condiciones de uso. Me aparté a tiempo y gracias a eso hoy puedo sentarme a escribir este epígrafe largo y costoso.

Quizá no tuviste en cuenta que yo si te amé, que quizá aquellos comentarios foráneos en una web no eran otra cosa que formas de expresarse más que un desliz o una propuesta indecente. Ni en el peor de los casos hubiera configurado yo una realidad aparte, ni una vida común fingida a través de ti ni contigo.

Así era yo y así lo sigo siendo, quizá lo sumergido y lo extraño fue que nunca me conociste como era, quizá porque siempre condicionaste con tus modos on off mi manera de ser. De todos modos, no me parece amable hablar de eso.

Todos los que comprobaron tu email con todo el proceso de investigación que montaste, de todos ellos, ni uno solo dijo que aquello era digno de ser tomado como tú lo hiciste. Otros se atrevieron a decir que quizá, tal vez, o rigurosamente si, te lo tomaste asi porque te convenía. Me tomé la molestia de preguntar una a una a las 3 personas que había dejado aquellos comentarios. Tampoco, a ninguna de ellas les había parecido encontrar nada de extraño ni “morboso” en aquellos textos.

Me preparé una infusión de té y continué. Necesitaba sonreír sin armar revuelo.

Y así he ido configurando este texto durante 64 días. Considéralo pues oportuno, durante los 64 días no sólo he escrito (considérese escribir no sólo avanzar letra a letra, sino borrar, porque he borrado mucho, he superpuesto, interferido, parafraseado…tantas cosas).

Dio para mucho, pero sobre todo dio para decirte que has sido algo muy luminoso para mí, especial, mágico en el sentido de que no había nada más intenso que tu despertar o tu mirada aquella limpia que sólo ocurría algunas veces, sobre todo los domingos cuando había sol y las calles vomitaban verdor y azahar.

El otro día me ocurrió algo maravilloso. Es digno de contar, casi ensancha el alma... uno no vive momentos así todos los días de su vida, ni por más que pusiese de su parte y voluntad. Sin embargo forma parte de nuestros días, y nos guía, nos proporciona una forma de pensar y de emocionarse día tras día.

El martes 9 de diciembre, quince minutos después de salir del instituto, donde había estado charlando con Luis y mi coordinadora de departamento, justo cuando me encontraba a la altura del parque de la Buhaira, se acercó un cachorro a mis pies y se dejó caer simpáticamente panza arriba. Era un cachorro labrador, una bola de pelo blanco que apenas podía tenerse entre las patas.

Me lo llevé a casa y lo instalé en un rincón del salón con una manta vieja y un hueso de trapo que construí.

En ningún momento pensé que me lo quedaría conmigo para siempre, respondía a una serie de responsabilidades extras que en éstos momentos no podría llevar a cabo.

Esa misma tarde, simultáneamente a un ejercicio que tenía para dar mi clase de diseño en el instituto, me ocupé de bañarlo, cepillarlo, desparasitarlo, darle vitaminas y limpiar religiosamente todo lo que ensuciaba. Incluso me molestaba en calentarle una bolsa de agua todas las noches para que no pasase frío en el salón. Al final aquel rincón que acomodé para instalarlo no sirve de otra cosa sino de referencia. De referencia para comprobar y asimilar que hay cosas que nos incitan vida y alegría, esa pequeñez y esa torpeza en los movimientos nos hace más humanos, más felices, más sensibles.

La potencia de la imagen que desprende el perro es más fuerte que cualquier intención. Incluso pienso que si a alguno le molestase el perro o su presencia, tendría que irse a dormir al rincón del salón, con el hueso de trapo y la pequeña cama, porque parece que ninguno cedería a quitar al perro de entre sus brazos de entre todos mis compañeros.

Incluso me agradecían la ingeniosa idea de haber llevado al perro a casa en un intento de mejorar su calidad de vida en abandono. Elisa cedió llevárselo a su casa, lo quería para ella, su padre había soñado siempre con un labrador en sus manos, y era la mejor oportunidad de deshacerme de tal responsabilidad sentimental. Desde que lo vi supe que lo amaría el resto de mi vida, pero que no era para mi en este momento.

Pues bien, el pasado fin de semana los padres de Elisa me invitaron a ir cerca de Granada a pasar esos días en una pequeña casa en la ladera de Sierra Nevada y así llevarles el perro.

Me costó quitarle el perro de entre los brazos a mi padre, que casi llora en la despedida.

Al amanecer el sábado hice mi única maleta diminuta. Metí al perro a empujones en el coche y me puse en camino con un álbum de fotos en una mano y el hueso de plástico en la otra. Era una mañana fea y gris, y hacía tanto frío que tuve que arrancar el hielo del parabrisas con agua caliente y una rasqueta.

El perro se puso tan nervioso que se orinó en la alfombrilla del coche. No fui capaz de reñirle. Los primeros 100 kilómetros fueron relativamente tranquilos. La ruta era fácil, sólo tenía que girar 4 veces a la derecha y coger la autovía, después me esperarían en un bar antes de llegar a Granada. Conducía despacio, sin rozar el límite de velocidad, a través de páramos cubiertos de escarcha y montañas salpicadas de brezo descolorido. A la media hora, un puñado de copos menudos y livianos comenzaron a revolotear por delante del parabrisas. Nunca había conducido bajo la nieve. El perro, instalado en la bandeja del maletero después de haber pisoteado todo el coche y haberse sentado a mi lado como copiloto, haber compartido unas miradas y unos chirriantes ladridos a los altavoces como enfadado, siguió extasiado en su vuelo errático.

Yo traté de no hacerlo y concentrarme en la conducción. Encendí de nuevo la radio y no conseguí sintonizar más que una cadena de música clásica. Estaban emitiendo ópera en directo desde algún teatro supuestamente famoso del norte de Europa.

Nunca me había gustado la ópera, pero aún así no intenté cambiar de canal. Estaba empezando una nueva vida. Trazando una línea. Poco a poco, la nevada fue ganando intensidad. Los copos se hicieron más grandes y compactos, y caían apiñados y sin respiro, formando una cortina blanca que apenas dejaba ver la carretera. Cuando la nieve empezó a cuajar en el asfalto, me aparté del camino y me detuve para poner las cadenas del coche. Dejé la radio encendida y salí a la intemperie. Estaba en mitad de un yermo inmenso y vacío, cubierto por una fina capa de nieve recién caída y batido por un viento helado que cortaba como una fina hoja de papel. Me subí las solapas de la chaqueta, saqué las cadenas del maletero y me puse manos a la obra. Fue un desastre. Jamás lo había hecho antes y no sabía por dónde empezar. Lo que conseguía encajar de un lado se salía del otro, las gomas y los muelles no daban de sí, los ganchos se me escurrían de entre los dedos y se negaban a entrar en los cierres. Aquello parecía pensado para una rueda cuadrada en vez de redonda. Después de un cuarto de hora de forcejeos, tuve que detenerme. Me faltaba el aliento, se me saltaban las lágrimas y tenía los dedos tan entumecidos que apenas los sentía como míos. Entonces lo vi. Había salido del coche sin que yo lo advirtiera y estaba retozando en la nieve como un frenesí enloquecido. Se revolcaba panza arriba como un poseso, ladraba furiosamente a la ventisca, trataba de capturar los copos a dentelladas… Mi perro.

Traté de llamarlo, pero no me salió la voz del cuerpo. No me hubiera oído. Yo no estaba allí. Estaba la nieve y estaba él y eso era todo. No había más. Escarbaba madrigueras levantando nubes de polvo blanco, corría atolondradamente tropezando con sus propias patas, aullaba y gemía de pura excitación. Me quedé de rodillas en la nieve. Con las manos metidas debajo de las axilas, tiritando y moqueando, sin poder apartar la vista del cachorro. Sin atreverme a moverme, a hablar, a jadear siquiera. Me sentía ardiendo y helado. Me sentía fuera y dentro del mundo. Me sentía casi tan vivo como él...

Cuando salí de allí de regreso a Sevilla, susurré durante los primeros 40 km y sin saber por qué todo esto:

Me quedo con el dulce trago, con el beber de tu boca aquel champán de noche de octubre, en cualquier hostal cercano al mar. Me encantó beber de tu boca, ese trago preparado, como materno. Me quedo con el abrazo necesario para dormir, con el viaje dirección a aquel pequeño pueblo en el mar mientras te leía por el camino fragmentos de mi libro que hablaban de ti y de tu cuerpo. Con los besos a escondidas en la cocina, con las miradas de deseo, con los paseos por la ciudad, porque se conformaba el cuerpo. Aún recuerdo cuando te dije: oye, mi cuerpo sigue teniendo algo de cuerpo. Y cuando te lo dije me miraste y reíste como siempre, con costumbres de sol en su sistema.

Me quedo con el regreso siempre a casa, con aquella primera impresión en las estaciones cuando te veía romántica e impasible.

Me quedo con el tacto de tu rostro mientras nos besamos, con tus finos y tersos ropajes.

Con aquellos días en la playa, con tu mirada mientras pintaba la casa de tu infancia junto al mar, con aquellas ideas desde aquel faro. Creímos entonces en una idea y la idea vivió. Porque si alguien cree en una idea, esa idea, vive.

Me quedo con las cenas tardías, con sus paseos a media noche. Con las sonrisas, con los encuentros siempre en las estaciones. Algunas personas se pierden las pequeñas alegrías esperando la gran felicidad. Con el postre servido en la piel de una naranja, con tu llegada a casa con el pan bajo el brazo, con aquellos juegos en el suelo del recibidor, donde saciaba mi hambre de tu carne más temprana. Y aquellas risas hoy me ensordecen.

Con tus salidas a media noche al baño, desnuda, abandonabas la cama y me envolvías en un enérgico esperar tu regreso. Un pequeño haz de luz entraba por las persianas, y tu cuerpo era un código, y por la puerta se alumbraban amarillas, esas zonas que poco antes estuvieron tan cercanas como islas.

Cuídate mucho, y no lo olvides, yo no guardo ni rencores ni dinero, a todo amo y todo lo gasto.

Sella éste mi epitafio.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Aguinaldo en crisis. Off my life. Adiós

No me digas que no emociona, aunque ya estés lejos, en el tercer planeta alineado de mañana por la noche, pero no me digas que no te sientes “acid free”, como las cosas más libres, independientes a Diciembre, más afines al frío casi más o menos polar. Tienes ganas de stop y no lo dices, haces como si de una hoja sacaras una reyerta más o menos común, 140 g/m2, adicto a los flujos te me pones a tiro en el blanco y te me ofertas a modo de “stand by”, sin ser agosto ni ser hora de la siesta. ¿Y ahora qué?. Cogí mi cámara y mis cosas dulces y me impuse rutas giratorias por las calles del pueblo, así pensé que dejaría de pensar en ella, en ti si eres quien lees. Pero alguno como yo, tú si eres quien lees, osaba pasear por entre las vetustas luces de las calles, puestas ahí como por casualidad, sin temer a la tibia niebla que ahora aparece enquistándome los huesos de humedad y felicidad viciosa, vicio… los vicios son vacíos… como aquella canción que a ella le gustaba. ¿Y que ha sido de ti y de mi? ¿de ella si no eres tú la que lees? De aquella vida casi a veces paralela, del beso mas tuyo y tibio que nunca vi en mis labios. Los niños así como yo un tanto más proporcionados a la baja, como divididos entre 3 pueblan las calles vacías e inundadas por la niebla, con sus instrumentos rudimentarios cuan golpeados contra sus raquíticas muñecas de hueso inquebrantable. Como huele de lejos a fruta y el “crash-out” de un “no mas christmas sin peculio”. ¿Crisis? ¿Qué crisis?. La música no entiende de crisis, ni Cicerón de Escolapio, ni la guerra de santos , ni la iglesia de estampitas, ni yo de ti a veces cuando te me ofreces tan fría y distante. Probé mirar de lejos como los niños encendían una bengala como agitados por la niebla ahora sí, más marítima y oceánica, un corro de cuerpecillos agitados la envolvía como si alabaran un estandarte de luz radiofónica, y al fondo, una luz casi difusa parpadeaba ecléctica. Una silueta negra y nebulosa pasaba de largo como haciéndose el “i can’t hear, please go away”. Los niños son el recurso fluvial de mi estampida alegre. Ellos, los capaces, entonaron un modo protestón en Mi m # con canon sincrónico que hizo que el hombre acelerara sus pasos hasta desaparecer muy al fondo de la niebla un tanto tímido y pavoroso, huidizo dejaba un rastro maloliente y desinflado. La crisis pensé yo: para el que canta. La crisis para ellos, los roídos por un frío de claqueta, los entusiastas de la bufanda y el gorro como cúspides energéticas, los que ganan un euro e invierten 2 en artefactos luminosos y ruidosos para avivar el ambiente, para prometernos una parte nuestra del espíritu, la olvidada, la sometida a la rutina de no querer besar otro día más sintiendo una alcoba de hormigas vertiginosas en el estómago, la envasada casi ya química y cada día menos quimérica. Te miré una vez casi independiente a las demás que lo hice con anterioridad y te vi esplendente, te noté muy lista y veloz, y observé vientos y cosas extrañas magnéticas de tu pelo para con el ambiente gélido. Sin embargo todo lo que siento por ti tuve que imaginármelo, a veces a golpe de música me entusiasmo ,libre de ácido, y casi me evaporo y llego a confundirme conmigo mismo entre tanta niebla y tanto lapso y tanto tu sin pleamar. Ayer me descargué un programa virtual planetario de cosmos y sin fines del espacio en el que puede uno saber cómo estarán los planetas dentro de 348 años, y mañana por la noche mis tres planetas favoritos se alinearan. Si tuviera que apretar los dedos tan fuertemente que incluso hicieran chasquidos, y si tuviera que cerrar los ojos tan fuertemente que nunca más pudiera abrirlos y si después tuviera que pedir un tupido deseo, hoy sólo pediría algo cálido que sometiera a mi estómago a una batalla entre hormigas vertiginosas… y así sentir de una vez por todas tu aliento hipoalergénico. Todo antes de despedirme, porque ya sé que va siendo hora de despedirme de ti y de tus cosas más o menos magnéticas. La crisis no entiende de música… ¿o era al revés?. No me hagas caso si así lo prefieres. Hasta siempre. Dulces sueños a todos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

sobrinoentertainment presenta...EXTREMADURA COPINA EDITION V. 2008

¿Estas cansado de beber por beber? ¿Quieres llegar borrachete (feliz, no atacado) a casa? ¿Y decirle a tu madre que llegas a estas horas porque has estado jugando al "Copina edition"? Quieres exportar las cosas de tu tierra? Llega este juego virtual de Extremadura al que podrás jugar donde quieras! En el bar con tus amigos, en la cena de nochevieja, noche buena... quien sabe... Con copina edition podrás beber y ganar dinero! El que antes llegue a la casilla fin! ese gana toda la recaudación... es divertido, tendrás que estar despierto y vivo... porque tu rival siempre va a estar pendiente... La imagen deberás pegarla en una hoja para imprimirla. Está en formato A3 para permitir una mejor movilidad en las partidas. Pero puede probar a hacerlo en A4. Pincha en estos links y descárgate el juego en su Versión gratuita y libre de virus.
DESCARGA EXTREMADURA COPINA EDITION v.2008 Pulsa el botón derecho de tu mousse y dale a Guardar como... y elige un lugar de tu computadora DESCARGA AQUÍ LAS INSTRUCCIONES Y RESPUESTAS DEL JUEGO Guardalo en un lugar de tu disco duro o imprímelo directamente En breve se subirá una versión en inglés para "guiri people" Le mando un abrazo a chechu que en estos momentos lo esta pasando mal... chiquillo! ¿jugamos al copina edition? ¡Vamos!

sábado, 8 de noviembre de 2008

call me, please

“Ella me dijo en lengua romance la frase que llevaba mucho tiempo deseando escuchar de su boca pequeña”. Vaya mañana... hemos cambiado de mes, y de planeta, al menos eso me parece a mí. Cada día que avanza te deseo más y más, y deseo más estar junto a ti y contigo... por esta parte del universo De todos los amores vividos me queda el borde de aquella copa de vino, cruzada y compartida, y ahora estás siempre tú de fondo, como una musiquilla infante. De los ojos, el pálpito, la desmedida cordura de aquel elefante de sífico. Al tacto, aquel papel de seda, higiénico, que lanzaste aquellas noches sobre tu hipoalérgico cuerpo imitando a los estadios. Los festines, la queratina y los infantes, las colmenas y las mieles. De puritito rumor quedó raquítica mi creencia en los dioses y las diosas. Ahora creo en los cines y los obuses, en el mercado recién de cada mañana donde acudo para llevarte el desayuno a la cama. Y en ti… debí creer en ti y en tus zumos. Desde ti até un lazo a mi mano repitiendo sin cansancio a los soles mi creencia en ti y en los universos… Hay mañanas que merecen detenerse... mirar atrás. Cuando otros días caminé por éstos mismos lugares y no estabas tú... qué largo se hacía el estrecho camino hasta la montaña... y hoy parece que planeo sobre ella... Quiero que seamos los dos, basados en la música, el tacto, la risa y la dulzura... pero tú no querías Sin embargo debiste saber que cada noche, mientras duermo, dejo de existir. Entre abetos y salpicado de brezo una voz ignifuga representa a los soles, los enigmas y los astros. Un carpintero evacua la savia, ronco, el que aspira a ser vaso o nube, el tocado por los labios de un transexual y levita en el sexo. El transformador, la novia y el recurso. Las bombillas, el fuego y el vino, la mancha profunda del calcetín. La siesta del ibis. Te tuve cerca algunas tardes, naranjas, eras tallo, barra televisiva. Las latas, los cisnes, los armarios, la vida más interna de los órganos y los gobiernos… Tú tuviste la culpa de mi demente vida mientras cruzabas aquella playa en enero de un año que ya da la sensación de haber vivido…. Y sin embargo te deseo felicidad… y si me dejas, puedo decirte un secreto cuando termines de leer esto...

jueves, 6 de noviembre de 2008

sobrino ensay colour investigations

Clase de dibujo en Movimiento. 27/2/2008. Apunte. 120x70 cm. El movimiento es un estímulo que, si bien, representa una acción compleja dada en el interior no químico de un individuo (individual). Responde a un paradigma físico-mecánico que subyace de la visión la cual recoge una información (sea ésta mejor o peor) y lanza señales no luminosas a la retina que, invertida, manda en forma de impulso células fotovoltaicas que son filtradas por el hipocampo y el hipotálamo. Tras su paso por éstos dos centros de investigación (más o menos cultos dependiendo del individuo (individual)) pasa por el cortex instalado en la base conjunta a la base de la médula espinal la cual lanza el impulso electro encefálico a las ramas inervadas de las extremidades in extremis o no, a otras zonas u órganos sensibles a las células eléctricas. La fuerza dominante de electricidad (menor a 10 A) similar a lo que podríamos comparar con dos pilas de reloj (conocidas como de botón) alteran con una reacción químico-orgánica los estímulos sensibles del movimiento. Un esquema en el córtex frontal aparece contraindicado como proceso sobre las pestañas indicando un semáforo que en ése mismo momento opta por indicar una luz verde que es la que permite el tráfico fluido de envío masivo de información electro voltaica y que se traduce en pequeñas pulsaciones al principio de los miembros más separados distalmente del cuerpo. Si reprodujésemos a cámara superlentísima (spl de serie) observaríamos ésta rápida e inadvertible conmutación de los extremos computables. El problema es que aún no he inventado la máquina que capte la millonésima infinitesimal de segundo que sería necesaria para dicha captación. Tengo el laboratorio atestado de ratas infectadas con un virus que les he inducido que les permitirá cambiar de color y opinar cuando les plazca. Supongamos que lo que señalo arriba fuese hipotéticamente cierto, entonces diríamos que acabo de inventar un proceso complejo. Yo no lo he inventado, si lo hubiese o hubiera inventado estaría confirmando que tal vez sea mentira. Ahora bien, si digo que lo he percibido ya nadie dudará que es cierto puesto que no es un invento. Si podría decir que yo invento dicho proceso electro-mecánico en mi cuerpo, y que lo llevo experimentando tiempo atrás. No es tarea fácil, primero comprende desaturar los procesos anteriormente mencionados, es decir, los invierto o advierto a mi conveniencia cromática. Así puedo decir que controlo hacia dónde quiero que vaya dirigida toda la información y hacia dónde los impulsos electro encefálicos. He probado un caso: Hacer que la información percibida por la óptica (visión) vaya directamente a las extremidades sin que pase por el hipocampo ni el hipotálamo, así como que no pase por toda la estructura sencilla del cerebro ni tampoco por la médula (eso requeriría de un trasplante inyectando masa hidrocefalia o también llamado líquido cefalorraquídeo permitiendo así un mayor y mejorado flujo de líquido cerebroespinal que es el que mantiene las funciones más imprescindibles del cerebro). Si evitamos el paso de ésta información por el cerebro y evitamos el sobresfuerzo al que se ve sometido para la creación y posterior envío de impulsos eléctricos al cuerpo, evitaremos una subida de temperatura de al menos 0.000003 ºC centígrados por recalentamiento de la masa encefálica. Además he podido experimentar que el hecho de desviar el flujo de información directamente del órgano de visión a las convulsiones dadas por la sensibilidad, la sensación es más directa, más intensa, fluctúa el intervalo de interrelación entre el pulso cardíaco y el pulso respiratorio, se condensa un nivel adrenalínico bajo la queratina y se endurecen los poros durante al menos 0.0004257 segundos. Los efectos que produce reconocibles por el ser humano son: - Bello erizado o (conocido vulgarmente como bello de punta). - Rigidez de la musculatura ( mayormente facial). - Extensión del iris y de la zona cornea con un incremento del 3.958 % sobre la superficie natural del individuo (individual). - Aumento del ritmo cardio-respiratorio en al menos un 68% más que si la información recorriese o recorriera toda la red cerebral. De un 76% mayor que en el estado natural del individuo (individual). - Un electroencefalograma demuestra que la presión craneal aumenta y los capilares sanguíneos de la cabeza se dilatan hasta un 3.8% más de lo que serían en su estado natural. Después de todo esto solo me queda decir una cosa: el que se las da de entendido, el que va por ahí divagando de que sabe demasiado, "aún no tienes ni idea". El que sabe, sabe porque sabe, no porque ha visto a alguien que sepa". Al que hable le pido por favor que no abuse del hecho actual de que el arte está dejado de la mano de Dios. Bastante tiene ya el pobre como para que vengan cuatro como ustedes a decirnos que esto es un carnaval... shhhh... por favor, no alteréis el hipocampo artístico. Nada más.

martes, 21 de octubre de 2008

ch!nchetas

Tras pasar varios años en una casa, pueden ocurrir dos cosas: o uno decora –metafóricamente, se entiende- sus esquinas y paredes con su propia personalidad o bien esos mismos recovecos, las superficies llanas, las telarañas y las manchas de humedad te dibujan un rostro tan sombrío como el del famoso cuadro del grito.

Hace unos años, cuando me disponía a abandonar mi casa para comenzar mis estudios en la ciudad y no tan atrás en el tiempo, cuando hace un mes ante una mudanza que intenté posponer todo lo posible, me vi obligado a ver la película velada de mi vida durante los cinco últimos años. Carpetas repletas de apuntes y recortes de periódicos con amarillentas noticias que creíamos querer guardar para siempre. Poemas comenzados. Poemas a medias. Poemas terminados y que decidimos sepultar en un cajón. Viejas fotos donde tenemos la tonta expresión de pasar a la eternidad con una cámara. Cartas de antiguas novias, en las que el corazón vencía batalla tras batalla a la cabeza hasta que la guerra llegaba a su abrupto y mudo final... Y todo dejando la sensación de ¿ quién era yo?, ¿en qué estaría pensando?, ¿ qué tenía x para que me enamorase perdidamente de ella?, ¿y donde estarán ahora esta chica y aquella emoción que me acabó asfixiando como una bufanda en Agosto?.

Cada vez que cambiamos de casa (o siendo adolescentes, cuando nuestros padres nos obligan a ordenar nuestro cuarto), bajamos el listón en cuanto a los objetos, animados o inanimados, que queremos conservar. Lo que era imprescindible, ahora quizá no lo es tanto. Más tarde, aquello que salvamos de la primera quema acaba en una papelera. Finalmente, algunos de los supervivientes tampoco pasan el corte y los cargamos en bolsas de plástico camino del contenedor. Poco a poco, vamos reduciendo nuestros recuerdos y reliquias a lo esencial. Y con el paso y el peso del tiempo, también lo esencial terminará quedándose en los huesos. En definitiva, es el reverso de lo que algunos definen como libertad: poder elegir un camino que te conduce a otro, con lo que vamos eliminando opciones, y unas vías se abren mientras otras se cierran.

Aquí, con este proceso de selección del pasado, somos nosotros los que rescribimos nuestra historia, borrando del mapa rostros, muecas, palabras y alguna promesa sonrojante de amor eterno. Como resultado tenemos el único perfil que podemos soportar: un alegato a favor, un montón de pruebas circunstanciales, la duda razonable: a lo mejor no fuimos tan malos. Y también nos queda la esperanza de que el chico que quita las chinchetas de las fotografías de la pared se parezca en algo al que las clavó hace casi una década. Que no haya sido corrompido por la vida y sus no pocos sinsabores.

jueves, 16 de octubre de 2008

ON | OFF | ON Bon voyage

¿Te imaginas el mar? Con su espuma toda puestecita ahí, como si se hubiese pasado la noche de vaivén, agitado. Hace tan sólo unos minutos he tomado la decisión más importante de mis días, y ahora parece que me pesan los segundos, parece como que este paisaje no es ya para mí, nunca consideré que fuera mío, pero siempre consideré que era para mí.

He cambiado tantas cosas de lugar dentro de mí. Las circunstancias ya no son lo que eran - bon voyage- mire usted le dije yo al clown hecho de alambre.

Necesito hacer público lo más mío y privado. Las horas ya no son las mismas ni tampoco los lugares donde me hospedaré seguro dentro de unos meses. Nunca tuve la oportunidad tal así, como ahora la tengo de contarte.

Decía un escritor musulmán que es difícil determinar la orientación de las cosas cuando uno nada, porque la existencia de un mundo bajo nuestros pies flotantes inquieta nuestra mente. No me preguntes quién porque no recuerdo quien era.

Recordaba perfectamente el camino desde la recepción hasta la habitación que reservamos. No recordaba el número, pero parece como si los pies y la memoria más primera me llevaran cálculo al lugar. -Quiero ésta- le dije al hombre amable.

Aquello estaba intacto, tal y como estaba cuando nos fuimos, los mismos cantos rodados, la casa que pinté en aquella acuarela tan primaria, porque era la casa de tu infancia. Cuando la vi supe que seguía siendo tuya allí sobre aquella montañita sometida un poco a las lenguas del mar.

Al marcharme sólo recuerdo el rumor como de un pueblo venido de tí... y con la sangre un tanto delirante.

-------------De lo que escribo: Parte decimonónica.------

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