martes, 27 de octubre de 2009

imagínate: fall in love


Me encanta cuando sonríes, pero hazlo más íntimo, más bajo... porque podrías despertar al mundo...


Qué manera tan linda de comenzar...


Acabo de llegar y tengo 100 minutos exactos para contarte, a ti y al resto del mundo, que soy la pura sucesión de tu sombra y el epílogo de lo que un día quise ser y por no estar tu, no fui.
He elegido el mejor lugar que recordaba para hacerlo, este espacio con vistas a un mar que si, está a 800 kilómetros, en un lugar muy al norte de tu casa, pero pensando en ti todos esos lugares lejanos ahora están como una alfombra bajo mis pies y no distan, puedo ir de uno a otro sin parpadear ni una sola vez.

Y si tu supieras que esa rapidez en los viajes la causas tu... Voy montado en una nube express que no echa humo pero que me permite estar en todos sitios a la vez... como buscándote...

Llevo pensando toda la tarde en éste momento, tras la ducha, deshacerme del triste traje de viajero y sentarme aquí como un cosmos elaborado para inducirme al universo y que me lleve hasta ti. 

Predomina como siempre, en éstos últimos días, el silencio y una pequeña estera de pequeños gritos emitidos desde la boca de pequeños grillos escondidos en uno de esos lugares en los que yo habité una vez. Suena también la Vía Láctea como un trombón muy afinado que me recuerda a la espuma y muy al fondo creo que escucho tu sonrisa, que aunque lejana, puedo palparla y convertirla en mil y un deseos por verte...

En la vida, como en el mar, siempre hay un giro o un soplo de brisa  inesperada que impacta en las velas del barco y cambia su rumbo, generando así una nueva ruta que nos lleva a conquistar nuevos mares y nuevas penínsulas, y hay espesos bancos de niebla tras los que desearía encontrarte a ti, envuelta en una cortina blanca natural que a tu paso se evapora.

Porque tu cuerpo es al mar, lo que mi deseo es a tu península en forma de piel consagrada.

Eres un golpe de brisa. Una península nueva. Una corriente marina cuyo arrastre me beneficia. Húndeme. Sácame a la superficie. Tambaléame si quieres. Puedes incluso ahogarme si de esa falta de aire es causante tu boca...

Te me muestras casi perfecta. Tu rostro inspira soles muy intensos, irradias una paz que puede incluso untarse en tiernas rebanadas de pan como recién hecho, tu cuerpo lo imagino como un lienzo cuyo pincel sea mi boca, tus ojos parecen un área de descanso de una autopista al norte de Islandia, son amplios e inmensos, y por un momento siento que me gustaría sentirme siempre vigilado por ellos...

Esta tarde, mientras imaginaba formas y contextos, he pensado en rodearte con mis brazos más de cien veces. He sentido deseo expreso de tocar con la punta de mi dedo índice tu nuca mientras te canto una milonga paraguaya tan bajito que pudieras incluso dormirte. He imaginado tu sonrisa otras tantas veces y la temperatura que tendrá tu cuerpo cuando esté a sólo un milímetro del mio.

Me imagino a veces desnudo, brotando de tu pecho hediendo a arándanos mientras publico una nota de prensa en la que dimito como ser humano y me paso al bando de los seres irracionales que no saben limitar el amor por las cosas, y que no conocen otra cosa que no sea tu mano extendida.

Porque en tí no veo límites ni fronteras. Veo una inmensidad casi universal, y todo lo que brilla alrededor son espasmos de luz muy blanca que viene a decirme que, después de ti, quizá ya no haya nada...

Siento que me encantaría verte dormir, despertarme junto a tí cualquier mañana de un mes cualquiera y de un año cualquiera, mirarte detenidamente, calcular los hemisferios del mundo en el que habito, acariciar tus labios con la punta de mis dedos y salirme de repente de la cama sin hacer ruido alguno, dejando el edredón tal y como estaba, las arrugas y las costuras, y prepararte un desayuno cuyo huésped sea un zumo de arándanos recién exprimido, con un café que huela a eternidad y galletas con sonrisa de mantequilla. Y verte sonreír con costumbres de sol en tu sistema.

Qué genialidad sería decir que, por ejemplo y de forma matemática, tú eres a mi lo que Augusto era a Emérita, por darte una pista.

Desde luego las tardes, desde que estás tú, son como pequeñas vidas no vividas antes. El olor a forma no queja, mantiene erectas las últimsas funciones en aquel teatro desde el sol que viene dado de tu mismo rostro.

Los geles, las transaminasas, aquellas aves de rumor, los pacientes y los enamorados, las ceremonias y aquel imaginate "fall in love".

Los fondos y las tragedias, el sexo inspirado como de un caracol, aquello que hoy me hace más parte de ti, de tu pueblo, de mi propia ignorancia cuando te veo remover los pies cuando imagino universos levantados como polvo desde tus tacones.

Y esto a lo que tú llamas octasílabo para mí no es otra cosa que circular en torno a ti, como aquellas cosas menos distintas, inventarme una música o informarte mediante códigos inscritos de que, en cierto modo, te necesito tal y como eres.

Los gemidos, las faltas, las cosas tuyas más bellas, como tus cuerpos diferentes cada mañana y sus diferentes temperaturas.

Hoy, y todos los días quiero té, té no promiscuo, inhibido, inducido en "close", como en mariposas distingo diferentes dioses alados que tú me generas una y otra vez.


Empiezas a ser una parte importante de mi.

Quiero amarte sobre trenes que me lleven al pacífico. 



Y en ellos viajar y no contaminar... 



¿Y si te digo que, como aquel grano de arena, me encantaria formar parte de tu colosal arquitectura?


Contéstame antes de media noche, te esperaré despierto.









lunes, 19 de octubre de 2009

sentirse pequeño | sawing stars


A veces, y sólo a veces, cuando la noche cae y no se hace el plenilunio constante, se ven las cosas más simples y más complejas a la vez. Hay como un estallido de lo más diminuto y pequeño que acaba por transformase, de repente, en una grandiosidad latente hasta en los párpados y en las copas. 

El silencio lo engulle todo y se apodera hasta de la última estancia desde la que observo, absorto, todo aquello puestecito ahí arriba como para que alguien venga a contemplarlo sin cansarse.

A Margarita Rodeaux, aquella mujer cóncava francesa que conocí en el verano de dos mil seis le encantaba también detenerse a contemplar el universo al menos dos veces por semana, y a Adolfo el Casquero de Chamberí al menos tres, a Silvia Numberg y a Marcela Rodriguez, jóvenes amantes de lo que un día compartimos sin ánimo de lucro, todos los días, desde las cero cero exactas hasta bien entrada la noche.

Yo contemplaba lo que los demás contemplaban. Veía lo que los demás veían, pero sentía bien diferente. Conectaba una luz con otra, un destello con otro. Las formas se inflamaban adoptando una intensidad luminiscente y los cúmulos a veces me causaban incandescencia. Pensaba en cosas que nunca hubiera pensado de no haberme postrado allí como un lemur cansado de una vida de árbol en árbol. 

Las vidas vividas en cada lugar desde el que contemplé lo visto desde arriba no eran más que un ramillete de consonancia advertido por dos amantes que se besaban hasta en las repisas de los conventos. Tuve una dosis de planeta rojo en mi tupida boca, y digamos que eso es mucho teniendo en cuenta que no sé quien eres. Y sin embargo llenaría tus noches de orgasmos enredando mis dedos en los tuyos bajo la almohada, y que al fondo de la ventana, como un yogurt, se vean cáscaras volátiles con sabor a frutas del bosque.

Desliar la manta y encontrarte acurrucadita ahí, como una esperanza nueva, con tus ojos muy pequeñitos reflejando el amor que me debes. Adorarte con mis brazos y proporcionarte un calor muy tuyo, y que sientas como todo aquello de ahí arriba te pertenece casi al completo, como un todo que se porciona en partes tan simples que yo puedo dártelas con un zumo recién exprimido de naranja en un desayuno express que te llevo a la cama justo cuando el sol empieza a llamarte para que, con discordia, me mires y generes un imperio que me absorba como un agujero negro y me haga dócil con tus cosquillas.

Quisiera verte girando girando y mirándome mirar, porque es cierto que bailas, como quien respira.



lunes, 12 de octubre de 2009

Inoportuna

Inoportuna.





Ahora llueve fuera y nos nos damos cuenta del diluvio, pero está ahí, como puestecito en una taza muy universal.


Hay una especie de presión en el aire, como cósmica, y se mueven y arremolinan las ramas y las hojas de los árboles. Casi no respiro. Ver donde no había. Decrepitar sintiendo a su paso una cascada de algo multicolor. Y te escribo te quiero en el vaho del cristal de una ventana muy pequeñita, y por la T se puede ver la ciudad que tú has perdido.


Después la calma.


Espera a que venga un sorbo express de otra boca ajena y que embriague las horas más imposibles que quedan aún por llegar. 


La física de elegir un mal momento.


Y de fondo suena este tema en un gramófono del siglo diecinueve, y te hace llorar como si no fuera contigo.


Bendita circunstancia. Y un pájaro te lo dice al oído, muy bajito:


-Inoportuna-.

sábado, 3 de octubre de 2009

mandarina femme





La verdad es que grietas no faltan.


Mirar desde otro punto más alto, atisbar, vislumbrar,acontecer u observar. Y que a lo lejos todo se diversifique y se haga un verbo conjugado de manera diferente, más espontáneo y sumiso, trivial y momentáneo, sucedáneo de otra cosa en pretérito contada minutos después por un sibarita que dice leer el futuro de los árboles y los arbustos. Ver donde antes no había o donde quizá hubo y no quisimos ver. Concentrar todo en masa. Despedirme de ti en stand by.


Una única idea: tú y aquel sabor a mandarina de la tetera una tarde de octubre. Llevaba mucho tiempo esperándote, tanto que ya ni esperaba.


Imagínate una ventana y un par de labios desparramados por el sofá una tarde en la que todo hiede a luz muy directa vertida por todo el salón. Imagínate que de repente pongo mi mano dispersa sobre tu rostro recién conocido y salto de una frontera a otra mientras te miro sin parpadear. Imagínate tener una renta per cápita media, y que viajamos todos los veranos al Nord Pas de Calais y que nieva en agosto y tú te despiertas una mañana muy feliz y te disfrazas de espantapájaros universal y construyes un iglú donde después cenaremos salmón ahumado mientras te ríes como a mi me gusta.


Recuerdo aquel verano del "noventayocho" cuando aún no sabía ni tan siquiera que existías y me contabas que una brújula es un pedal circundante que avisa nuevos destinos mientras sostenías una brizna de hierba entre los dientes."Somos de otro tiempo" te dije con la lengua empapada de penínsulas. Y ese tiempo acaba de llegar como quien da una campanada.


Esto y aquello, lo uno o lo otro, uno o dos, la parte o el todo. Elegir lo que cupimos ser. Ya no sé dónde mirar, ni qué decir. Duermo construyendo arrugas en mi cama que sostengan ese calor que tú deberías darme. 


Soy la convocatoria que resucita tu espíritu, la boca ajena que viene a convertirte en postre para siempre, el calcetín que dejas olvidado en tu  diminuto zapatito. Vengo a condecorar tus manías, a simplificar las vistas, a adorar tu bendita sonrisa un mes si y un mes no. Vengo a configurar un estado donde vivas sin cónyuge, a beber Moët & Chandon de tu ombligo si es posible, como una gacela desprovista de actividad futura.


Tú eres quien debes ser. Y yo, sólo soy un excursionista que vaga por ahí con una barba blanca repitiendo una y otra vez:Las estrellas son para quien se las trabaja. 

viernes, 2 de octubre de 2009

La vida que nos queda



El ser humano es reincidente casi por naturaleza. Incide y reincide perspicazmente en los asuntos más dispares que acontecen en su vida más próxima y a veces también en su vida más lejana.


Hay una historia que nunca conté, bien porque intuía falta de luminiscencia en los contrastes, o bien porque simplemente llegó un momento en el que la vida más mia se me vino acumulando con tintes de privacidad poco sostenible y perdí un poco el rumbo locuaz de las formas de concebir el mundo que me rodeaba.


Los amores vividos son como un postre fraccionado en partes iguales, olvidado más bien sobre una mesa conteniendo un blanco mantel de gruesa urdimbre muy expuesto al sol.


Recuerdo que una vez mi amigo Marco se enamoró de una tal Cindy, una americana muy rubia procedente de Illinois y que tenía un acento un poco raro y tímbrico. Fuimos a Marruecos porque teníamos que fotografiar los barrios altos encalados en cal de pigmentos muy brillantes porque a Marco le fallaba ultimamente mucho el buen gusto y adolecía de una falta de sensibilidad evidente.


Íbamos cruzando el estrecho en Ferry. Creo que serían las 7 de la tarde de un mes de mayo muy tórrido. Yo escribía sentado en la popa y a lo lejos vi a Marco coger su cámara y apuntar a aquella enorme rubia muy desproporcionada que ahora estaba asomada al borde a estribor. 


Marco hablaba muy mal el inglés, decía que porque su lengua era torpe y no le acompañaba en la pronunciación. Entonces lo vi ponerse en pié y acercarse a la impávida Cindy. Le pidió que le dejase tomar una fotografía. Había una luz excelente, muy almibarada.Y el viento era continuo Se escuchaba muy de fondo el mar y aunque no había inmensidad suficiente, por un momento sentí que la tal Cindy, Marco y yo estábamos solos en aquel diminuto punto del planeta.


Cindy llevaba una bufanda de hilo muy fina y roja. Llevaba unos zapatitos cortos de ante a juego y una camiseta blanca muy a juego con su piel.


Luego Marco, de camino al hotel, se encargó de inventarse complementos de la tal Cindy, como que tenía el cabello más dorado que un campo de trigo castellanoleonés o que sus ojos eran como dos melocotones.
Luego la tal Cindy resultó ser nieta de un famoso controlador de la NASA que había cenado varias veces con una sobrina segunda y lejana de Kennedy, el presidente. Y que tenía una marca en la nariz producto de una caída en el Cañón del Colorado en una de sus excursiones-picnic con su abuelo cuando solo contaba 6 años. Y una mancha de nacimiento en el pie heredada de su abuela paterna que había sido bailarina en escuela de danza de Boston dirigida por un famosísimo bailarín clásico con el que tuvo un idilio del que nació su tío Eliot.


Marco adquirió una destreza muy olvidada en sus gestos. Empezó mirarla fijamente, se abstraía, pensaba en cosas vividas, se quedaba en blanco, absorto y perplejo mientras yo le hablaba de ir al mercado para tomar unas fotografías en movimiento.


A penas se atrevía a distinguir la mañana de la tarde, veía luz por todos sitios. 
Siempre deseaba llegar al hotel y bajar hasta la jaifa para tomar té inmiscuido y sentar a esperar hasta verla regresar de sus largas excursiones.


Cuando ella entraba bajo los arcos estucados todo ensordecía, y Marco resucitaba a base de espasmos. 


Se obsesionó tanto que no me dejó dormir ni una sola de las 3 noches que allí estuvimos. La ultima noche Cindy se acercó a la mesa y charlamos distendidamente durante unas 2 horas. Marco casi no hablaba, solo la observaba como si observara mirando por un agujero en una puerta. Ella parecía no notar nada, hablaba y hablaba sin parar. 


Al final me dijo que se iría esa misma noche a Argelia. Marco como no estaba en la conversación, no se enteró de nada.
Solo le dije: Vámonos Marco, tenemos que fotografiar desde el alto. El me dijo que esperara un poco más. 


Tiré de él y conseguí sacarlo de allí antes de que la teína consumida por tan larga espera le absorbiera el sueño por completo.


Al regresar, Cindy ya no estaba.


Y Marco parece que esa noche durmió y yo también al fin... 


Le dije que Cindy era lesbiana.


Él se lamentó y relató hasta que el sueño se apoderó de él.


Al día siguiente buscaba a Cindy por todos los rincones de su memoria mas inmediata. 

A mi me pasa algo parecido con la química y la risa.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

cheking your mouths

Decidí hacerlo porque sabía que era la única forma de autoconvencerme de que, la mejor versión de mi mismo, estaba aún por llegar. Yo lo sabía, estaba seguro de ello, podría decir incluso que así lo sentía desde hacía ya algunos meses, empujado por una desidia sentimental que nunca llegó a un fin esperado.


Desear sobre todas las cosas es lo más maravilloso del mundo, es ese desear sin saber por qué pero inmiscuido de una razón que atrapa, aprieta e incluso ahoga un poco haciéndome perder un tanto el conocimiento mientras siento el sol estampado en mis trajes y mis pieles, y siento esa fatalidad genuina de lo que no puede controlarse y manda impulsos eléctricos por las manos y los músculos, sintiendo la vida en esos pequeños defectos en blanco y negro y que de fondo haya una ventana por la que entra un sol tan duro que enferma y da vida y calienta la sala donde horas antes cenábamos un sandwich vegetal con vino Montparnase. No es así, pero imagínatelo tal cual.


Parecía lunes y nos propusimos, de repente, iniciar una ruta donde fuésemos nosotros mismos sin pensar en otra cosa que no fuera observarnos hasta en lo acústico y divertirnos rodeados de un verdor primoroso y una naturaleza que inundase cualquier espacio rudimentario del pensamiento. Tomamos la primera vía pecuaria dirección al sur y giramos a la izquierda en la cuarta salida dirección este. Al fondo el cielo se mostraba como una extensa capota gris muy oscura y el sol apuraba su escueto abrigo de existencia dejando sobre los pastizales una luz pandémica que explosionaba en los ojos con un resultado amarillo dorado intensísimo y plural. Dorado como su apellido más representacional de las estaciones. Por las rejillas de ventilación del coche, a 24º centígrados exactos por que así tu lo preferías, entraba un aire limpio con olor a tierra húmeda.

A veces me mirabas por entre el espacio de tus gafas de sol enormes color marrón nacarado muy acordes con tu cara rododéndrica y fina y me hablabas de cosas muy vividas y sonreías con una costumbre casi perfecta en las muecas.
Sobre todo tu voz, la recordaba como siempre aunque no la hubiera escuchado nunca...


A los pocos minutos estábamos dentro de una tormenta voraz que nos engulló dejándonos perdidos en medio de la nada. Tú no parabas de sonreír señalando con el dedo el color de las cosas riñéndome porque me aproximaba cada vez mas a eso que tú llamabas "epicentro" con un sarcasmo que, ahora sí, terminó por volcar un temblor constante en mis manos dejándome cara de gráfico sensacionalista de un domingo cualquiera en la prensa.


Cuando llegamos al lugar, los árboles no dejaban ver ni un solo resquicio de aquel cielo ahora ámbar porque el sol ahora era reflexivo y teñía las capas bajas de la atmósfera de una niebla muy abundante y naranja. El ambiente había quedado limpio y apenas unas gotas tuvieron que recibirnos tiñéndonos la piel de una fina capa de agua muy fria. Tú me pediste mi abrigo y yo te sonreí viéndote andar en sandalias por aquel paraje que había de decirnos que estábamos perdidos.


Por intuición decidimos viajar hacia el norte siguiendo un camino que minutos antes habíamos descartado porque parecía no llevar a ningún lugar. El sol ya era más bien periférico y perdimos la noción del espacio muy al sur del sur, donde ahora las cosas comenzaron a hacerse un poco más opacas y de lejos se intuía un olor a lluvia intensa que vendría a recibirnos mientras cenábamos una especie de cuscús en un lugar muy "cool" con una decena de niños jugando a lanzar barcos de papel calle abajo siguiendo la riada hasta una farola muy pequeñita ubicada al fondo del desfiladero de aquel pueblo un tanto fantasmal engullido por el reflejo de las luces. en el agua

Tú mirabas el reloj en tu pequeña muñeca y yo calculaba la temperatura del agua.Poco después decidí ser tu líder espiritual y tu aceptaste el reto sentándote frente a mi lanzándome miradas con alto contenido erótico, y te tocabas los labios mientras yo reía como si quisieras contener aquel momento para siempre. De fondo, el sonido muy alquímico de un riachuelo cargado de agua brotada de entre las piedras, armonizaba tu postura sentada, mientras hipnotizabas a aquella enorme acacia sobre nuestras cabezas. Nos vimos reír y emancipamos aquella duda del viajero que nunca vino donde estábamos. Me susurraste cosas al oído y cuando quisimos mirar la hora ya dormías, impávida, y te mecías con una luz verde.


Conjugabas tus orgasmos con fe de espantapájaros y mimaste los detalles. Sabías a tímpano de pié, a masa de protón, a escalera ascendente, a martes de diciembre.

Y sin embargo, esto es solo un deseo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

feeling good | abriendo puertas

La verdad es que si, puede ser, aunque también pudiera no ser. Porque yo he venido para que tengan vida. Y una cosa es que la tengan y otra bien diferente es que no. ¿Si o no?.


Me refiero a que llevo meses actualizando este blog con textos que portan un cierto aire nihilista, lanzando críticas voraces contra mí mismo, simulando que toda vida vivida ha sido una abnegación poco propicia de los sentidos y que ello me ha causado una desorientación personal y sentimental sin parangón. Y sólo porque he visto cómo cada día iba alejándose mi percepción del deseo más voraz de alcanzar lo que siempre pensé, era una parte importante de mi.


Y ahora me sucede que comprendo extasiado todo lo ocurrido y por poco no me pongo a llorar como un niño... porque no considero oportuno que un extraño pueda consumirte y yo ni tan siquiera haya llegado a escucharte, ni tan siquiera sentirte ni lejos ni cerca.


Las peores realidades son aquellas que ni tan siquiera advertimos como realidades. He vivido momentos en mi vida que bien podrían valer una misa en Notre Damme un domingo de octubre y sin embargo me siento enclaustrado en mi mismo como si tuviera frio y fuese tarde para salir.


Hace dias sentía como si hubiera llegado tarde a este sitio, y me encontré los campos agrestres de una batalla que no era mía, y cultivados de un ruido muy monótono que ensordecía, como una sirena que advierte con un toque de queda que terminará por vaciarlo todo de todo lo aún por vivir.

Decidiste casi por arte de magia que yo no soy parte practicable de ti, y poco a poco, casi sin darte cuenta, fuiste empujándome poco a poco hasta la puerta, y cuando ya estaba en el umbral, frío como un témpano, cerraste las puertas y las ventanas a cal y canto y todos los días y todos aquellos deseos de encontrarnos más jóvenes que nunca se purgaron dejando un estómago vacío de sensaciones volátiles.


Y ahora miro la fachada desde fuera, atónito, pero con una sonrisa, sabiéndo que si tú dices que no es es que no es. Y que si debo marcharme es porque ésa es mi mejor opción. Porque has tenido un verano de besos y caricias que no son los mios. Porque has vivido sensaciones muy latentes que ni mucho menos vienen de mi ni son causadas por mi. Y eso me eleva a mi a la mínima potencia.

Quizá me estás dando pistas que, si sigo al pie de la letra, me llevan a una nueva historia esta vez si, exitosa, donde viva sensaciones muy nuevas y encuentre ese equilibrio casi imposible. Yo no me obsesioné contigo, ni de ti ni por ti. Simplemente creo en una idea que es capaz de engullir cualquier duda. Es una transfiguración de lo simple, el resultado de una variante matemática sorprendéntemente sencilla, es creer en ti como máximo exponente para construir cosas que aún no han sido construídas. Pero si tu dices que no, es que no.
Y acabaré por darte la razón, sólo falta el solsticio de verano para desprenderme de esta tormenta de arena ávida de nuevas luces, y terminaré por darte la razón

No necesitamos el orgullo para vivir, de hecho si somos personas orgullosas nos perderemos muchas de las cosas buenas que nos puede ofrecer la vida. Debemos deshacernos del orgullo, darnos cuenta de la inmensidad del Universo, de lo pequeños que somos.



Ahora se me abren varios nuevos caminos, nuevas oportunidades, porque el secreto esta en mi, en que llevo manteniendo cerradas todas las puertas mucho tiempo. Y todo porque sostengo la idea viva de que estás ahí. Pero como tú dices, es mejor pensar que no eres real, sino simplemente, un efecto óptico virtual que, en efecto, se disipa. Porque ni lo escucho, ni lo veo ni me transmite calor.

Voy a cerrar los ojos y voy a dejarme llevar. Porque tú, tal y como querías, te has ido. Y yo lo único que puedo hacer por ti, es continuar.


Hay gente que espera.


Feliz semana. Suerte a los estudiantes y a las amas de casa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

sleep & smell

La verdad es que estoy contento de verte otra vez por aqui, pululando entre risas y estas buenas vibraciones que vienen, como siempre, ocasionadas por tu plena existencia. Si, es alegría.


No sé qué es lo que desprendes, pero sé que debe ser bendito porque me induce una especie de caos muy benigno que me llena el estómago de microscópicas vidas que se agitan continuamente llevándome de un lado para otro.


Porque siendo asi me siento capaz, de repente, de hacer circulos sin parar, y no sé por qué ni con qué fin. Porque no encuentro otro fin que no sea marearme y caerme rendido bocarriba y mirar al cielo sin pestañear y levitar de espaldas mientras discuto con los saltamontes sobre la velocidad de la luz y otras cosas asi de semejantes. Es tan bello escribir para ti sabiendo que apenas existes... sabiendo que no estás porque andas ya evaporada como argón formando parte de otras atmósferas por las que yo creí volar hace días... y sin embargo fue poner los pies en la tierra y me dí cuenta que no había estado volando ni tan alto, ni tan arriba. Había estado a penas a dos cuartas del suelo... pero creyendo habitar otros planetas vestido de astronauta.


Ahora es momento de reiniciar, partir desde 0. Será más fácil, porque ahora sé quien soy, o mejor dicho, quien no soy.


Pero me encanta sentirte cerca... si...¿brindamos?

Restart

Existe, por defecto, una condición humana que sobrepasa los límites del entendimiento con zozobra y expande todos aquellos sentidos indispensables para una vida feliz sin manoseos.


Ante la posibilidad de que, sin darnos cuenta, estemos activando remotamente una conexión inalámbrica con recuerdos y deseos del pasado que vienen a decirnos de manera muy simple que hubo otro tiempo en el que debimos enterrar la cabeza bajo el suelo y convertirnos en un ave mísera que no peca por tildarse de loca. Y sin embargo ni metimos la cabeza ni salvamos los muebles ante la riada que se nos venia encima.


Yo soy de los que sufre la inundación y ha quedado desolado en la cima de una casa esperando que algo por mar o aire, me rescate. Si, mírame, soy ese punto pequeñito sobre el tejado de aquella casa en la que celebrabas tu aniversario.


Locos fuimos en la medida justa, y sin embargo, nadie vino a decírnoslo. Por que se presuponía que aunque estaba apostando al caballo más lento ese caballo correría y correría hasta salirse de la órbita marcada, más rápido que ningún otro, más veloz, más inalcanzable, osé incluso a ponerle nombre. Podrían habérmelo dicho 22385 veces, que yo, hubiera seguido apostando por el caballo "a priori" más lento y malo.


Es un verano en el que se acumulan pequeñas cosas que vienen a ser importantes, como decir que uno se propone una nueva vida donde ahora sí, es capaz de elegir libremente sin confundir que, en efecto, la libertad, es la capacidad de elegir. Y hasta ahora parece que sólo has elegido tú y que yo he estado aquí con la cabeza metida bajo tierra pensado cómo consumir mi libertad, cómo elegir y qué, para qué y con qué fin. Solo así conseguiré ser libre por derecho, porque siento la responsabilidad de elegir con capacidad. De no hacerlo así, volveré a ser esclavo de mi propia elección que ahora sí, no quiero que vuelva ser errónea.


Nadie besa sin saber por qué, ni besa por que sí ni tampoco no besa porque no. En el transcurso del mero intento cualquiera sabe en qué y de quién participa, conoce el riesgo porque en ello va implícito, igual que reconoce otras cosas más o menos imprescindibles para que aquello ocurra. Uno rechaza las formas y los vínculos labiales cuando sabe que detrás de eso no hay nada, y más aún si reconoce que detrás de ese roce "in-out" no se encuentra lo que se busca.

A mi me ocurre que no me gusta besar por besar, porque requiero presentar una diligencia previamente, tener una historia detrás que avale el tacto de dos bocas, de la mia con otra ajena, de mi aliento con otro, de mis manos con otras. Por que si, es cierto, se involucra el cuerpo y todos los sentidos, y para que eso suceda, debe haber algo que lo reactive.

Soy de los que besa poco. Por eso a mi me gusta tanto besar, porque cuando lo hago todo viene precedido de una fiesta de la comunión del cuerpo con los sentidos. No hay que amar para besar, pero si que hay que besar. Conocí a un científico chileno que me dijo que el primer beso entre dos personas es tan importante y genera tanta energía interior, mueve tantos principios anatómicos y tanto deseo, placer y felicidad que es comparable con el punto más álgido de esa misma relación en toda su vida. Eso quiere decir que el primer beso entr la boca de uno mismo y una ajena es tan importante como cualquier otro momento de la vida en su punto más álgido...


Siendo así, me gusta besar, si...


Si no, ocurre que me aburro, que siento como si una lengua vestida de otra cosa viniera a estorbar mi sentido del tacto y del gusto. Ahora me siento mejor que nunca, pero he sufrido más que nunca porque no encontraba mi lugar, éste, el que me permite conocer el estado de todas las carreteras antes de partir a ese viaje que nos unirá a los dos en un lugar remoto en medio de la nada.

Hoy ha sido un dia extraño, porque en efecto he visto pasar todos estos últimos 6 meses de mi vida como a toda prisa mientras hablaba de ti y tus amores un tanto epicúreos, de mis besos con personas desconocidas que parecían estar puestas ahí milagrosamente para olvidarte de una vez por todas y cumplir así tu deseo más expreso. Me he visto un tanto reflejado en mis propios charcos ahora ya límpidos, y me ha gustado, porque así logro reconocer que no fui nadie, que soy un autómata desconocido por y para ti, y que el fin de nuestra existencia no es otro que perecer como cualquier otro ser vivo.


Puede que tuvieras razón y yo estuviera corto de entendimiento, que no me enterara de las cosas y que mi mayor error fue ver donde no habia.


Es verdad, tienes razón, por eso mi siguiente medida es ir al oculista.


"Carta a los Reyes Magos".


Hoy quiero mandar un saludo especial a todos los latinoamericanos que visitan el blog y a todos aquellos que me mandan correos electrónicos. Os agradezco vuestra lectura y vuestras reflexiones. Tengan feliz dia, por supuesto.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Después del melón agua no bebas...

A base de insistir nos marcamos una pauta casi imprescindible, y le otorgamos a las cosas mas simples un carácter retroactivo capaz de simular cosas que no son y de vivir vidas que no son, en lugares que tampoco nos pertenecen. De ahí resulta una condición que nos sepulta y nos catapulta a la fama de aquellos que cometen errores casi sin darse cuenta. Lo peor de un error es el tiempo que se pierde cometiéndolo, lo mejor de ese o cualquier otro error es que te enseña a no volver a perder ese tiempo nunca más en contextos similares futuros. Asi que he estado perdiendo el tiempo pero también he estado ganando tiempo. Perdiendo tiempo presente, y ganando tiempo futuro, que supongo, es menos valioso, pero también imprescindible.


Consiste en saber lo que uno es, hasta donde quiere llegar y qué o cuales medios y recursos requiere usar para tal fin.


A veces todas estas cosas se reducen quedándose en una sola mirada, o en un deseo locuaz que te deja mirar el cielo durante al menos dos horas sin pestañear. Y si miro al norte sé que estás, con esa diversión que imagino en tí y en tu cuerpo. A veces basta con una fotografía para saber que, tú, quizá, eres la mujer que termine por transforar mis dias y acentúe esta locura basada en cosas naturales como tú. Otras veces un solo epitafio basta para saber que es más que probable que tu vida y la mia sean paralelas y se crucen cuando menos lo esperábamos dejando justo detrás un halo de hojas secas fruto de una vida aún por vivir.

Cuando te miro reconozco en mi circunstancias ajenas, giran cosas alrededor de mi cuerpo como si yo fuese un campo magnético tan potente como el de un planeta puestecito ahí en una órbita que se mueve porque tu así lo dispones. Y veo que me miras en modo polaroid, con unos ojos rodeados de piel de melocotón muy sensible al tacto y de colores almibarados que me dicen que hoy, de nuevo e igual que ayer, vuelve a ser domingo por que tú así lo dispones.


Cuando te conocí me mirabas con ojos verdes y divertidos, y vestías una sonrisa que parecía estar ahí desde hace años, sin conservantes ni colorantes. Y lo que mejor recuerdo de ti es aquello de que "Después del melón agua no bebas...".

Lancé una sonrisa al aire y dije: No me lo puedo creer, ¡eres tú!.

Asi que he decidido pensar en ti cuando menos te lo esperas, y resucitar mis errores más tibios para poder decirte que, lo mejor de ti es lo que aún no conozco.


Bon voyage. Feliz septiembre a todos.

martes, 1 de septiembre de 2009

cosas de tu piel

Buen tema para empezar el mes. Desde luego dice mucho de las cosas nuevas que me están pasando. Disfruten.

domingo, 30 de agosto de 2009

Ces't fini | Je ne suis pas bête

Eran alrededor de las 2 de la mañana de ayer y tengo que reconocer que me fui a la cama repitiéndome a mi mismo unas 43 veces que yo esto no me lo merecía.

Me tumbé bocarriba y crucé mis manos tras la nuca, pronto tuve que arroparme porque sentía que el cuerpo se me entumecía a causa de un fino hilo de aire muy frío que entraba por la ventana acompañado de una retahíla de sonidos venidos del fondo de la calle, como muy entrecortados y soporíferos. El resultado de un verano venido a menos.

Pero aun así me costaba dormirme. Me costaba hacerme a la idea de que el resumen de estos 5 meses se quedó en 2 frases que corrían hacia mi como unicornios en estampida, provistas de un estupor muy desagradable que me llegó hasta la garganta y ahora si, iba ascendiendo hasta la cuenca orbital de los ojos como impulsos. Me sentía el pulso en los párpados, me temblaba la voz interna, esa que a veces habla por sí sola repitiendo muchas veces una cosa que solo uno mismo puede escuchar.

Bendita esa voz en off que anoche vino a decirme conclusiones muy lineales. La tendencia de un barranco visto desde arriba con un fondo muy lejano, empezó a aplanarse y el rumor de Casiopea ahora lo veía de frente, ya no tan infinito sino más cercano. Vi un destello de lucidez, sentí que había perdido el honor, que había lamido el suelo con todas y cada una de las papilas gustativas que eclosionan en la lengua aun con gusto a ron que bebí mientras miraba las estrellas junto a un astrónomo tildado de loco porque quiso una vez expirar polvo irradiado por un cometa en la noche de su aniversario de boda. Me equivoqué. Tomé el camino equivocado, y asentí con la cabeza como asumiendo el error.

Ya eran las 3 de la mañana. Y vi el error, ahora si, con forma, vestido de martes, con un reloj que marcaba todo el tiempo que había perdido. Hora tras hora, minuto tras minuto, segundo tras segundo, asi hasta 168 días. Me dolía cada sonido de la aguja golpeando en forma de tac muy sonoro, más aún porque todo estaba vacío y el eco se hacía cada vez más importante y sobrevolaba el ambiente unas 3 veces rebotando de lugar en lugar, de muro en muro. Y ahora ya no veía ni esa foto en la que sostenía una cometa, ni aquella de tonos muy malvas en el cuello, ni esa otra en la que saltabas con un parque de fondo y esas gafas de sol que siempre te quedaron muy bien. Aquello estaba todo vacío, no había ni soportes, ni rastro de ninguna imagen transferida. Tal y como querías ví el paisaje de estos 168 días, con sus 168 noches y media, porque a eso de las 4 y media conseguí alcanzar el sueño, y al despertar hoy, he dejado de sentir el reloj, he obviado que existen imágenes en las que tú eras feliz y he escuchado la radio mientras desayunaba.

A fin de cuentas no esta tan mal asumir que vi cosas donde no había nada, que sentí donde no había sentimiento, que hurgué sensiblemente en roca y por lo tanto no hice agujero, que me emocioné cuando no había emociones, .

Realmente llegué a la conclusión más purificante, me hidrató incluso la mente, una solución termal que debía llevarme a otra nueva etapa donde ahora yo no fuese un personaje secundario, sino una mujer vestida de rojo tomando alguna bebida isotónica después de subir unas escaleras que me llevarían a casa una tarde de domingo.

Y sin embargo ahora me pides que me comporte como una persona normal. Normal… para mi comportarme normal es lo mas sencillo, lo más accesible. Si estuve aquí todo este tiempo es porque crei en una idea. Porque sentí que querías que estuviese, porque ví la oportunidad de acercarme. Pero me equivoqué

Ahora si voy a comportarme como una persona normal. Y por supuesto, la cometa me la quedo. Es síntoma de felicidad sostenida.

Ahora si.

Esto no es lo que parece.

viernes, 28 de agosto de 2009

La carta de Julia

Julia me escribió anoche a las 2:24 minutos. Y descubrí que ella me conoce demasiado bien. Y eso me hizo sentirme seguro y dormir mejor.

De hecho creo que he soñado que soy un niño...


Es corto pero intenso, y lo he leido unas 5 veces en un minuto porque me relaja:

"...hoy he conocido a un un tipo que parecías ser tú dentro de 20 años, la manera de hablar, de pensar , de bromear...y lo que es más alucinante, la manera de trabajar porque él es medio artista medio publicista...le hablé de ti y del proyecto que vas a empezar...

por otra parte, ayer, de camino a casa por la noche, agotada, arrastrando los pies, (no podía usar la bici, maldita la gracia),mientras más y más me acercaba a tu antigua casa pensaba:
ahora subiría, él me abriría la puerta y yo le abrazaría lentamente hasta dejarme caer totalmente sobre él, y pensé en lo feliz que me hacía haberte descubierto porque tú, sí me has encontrado...

Un beso largo

Julia"


Sin palabras...

martes, 18 de agosto de 2009

dreaming with you por ejemplo

Dicen que el mundo de los sueños surge de nuestro inconsciente, que se alimenta de elementos que pueblan nuestra rutina y sobre los que no recapacitamos en el día a día.

Hay quien invierte tiempo en descifrar las historias que sueña cada noche, como si de jeroglíficos se tratara, o si en su esencia escondieran pistas sobre nuestro futuro.


Los sueños son un galimatías de componentes que permanecen constantes en nuestro cerebro: sensaciones, personas, lugares y objetos que nos han producido ansiedad, deseo, rechazo, calma, felicidad, terror o amor.
También se dice que soñamos cada noche hasta tres veces. De eso sí que estoy seguro; también, por lo menos en mi caso, de que a veces esos sueños se conectan de manera lógica por un nexo muy débil. Tan débil que es muy difícil reestructurar todo lo soñado... sólo si no estamos del todo despiertos podremos unir las piezas del puzzle, un puzzle a veces ilógico donde no hay concepción ni del espacio, ni del tiempo.


En verdad, es muy complicado explicar qué es un sueño... pero puedo asegurarte que yo lo experimento diariamente… y cuando aparecen destellos como los venidos de ti, debo reconocer que pierdo la noción incluso de horizontalidad. Porque hay un pequeño rumor flotante que prevalece sobre la gravedad absorbente de este planeta venido a menos.
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