martes, 12 de enero de 2010

cholesterol


 Sólo tenías que imaginar nubes. Nada más. Ese era tu único fin, tu máxime ejercicio. Como con el mar y otras cosas así de inmensas.


Pero te dedicaste a distorsionar ya no sólo tu modo en stand by de tu propia vida, sino que también la mía. Y lo peor de todo es pensar que aquello te divertía.


Y comenzó el año y me vi decidido, un tanto agrio por los cítricos y muy feliz. 

Entre otras muchas cosas porque me sentí capaz. Capaz de tomar decisiones que no había sido capaz de tomar en todo un año y que por ente, conseguí tomarlas en tan sólo un par de segundos, en diferentes días y a diferentes horas entre el uno y el tres de enero.

Yo,que había examinado multitud de veces la paz que transmiten las nubes, el sonido incluso y a veces su olor, tuve que indicarte un camino lleno de constancia y agravios, de negativas infundadas en una especie de "no" constante casi sin venir a cuento porque sí.

Eso dejó de preocuparme y comenzó a llamarme la atención ver que,de repente, tu actitud me sumió en una tristeza como enmascarada, en una especie de pesimismo aparcado justo ahí, en una avenida paralela a la mía con aparcamiento ilimitado.

Anduve persiguiendo durante al menos doscientos sesenta y ocho días una especie de algo sonoro venido de tu boca. Una invitación que nos hiciera ser conscientes durante al menos 5 minutos de que tu cuerpo y el mío bien podrían estar a tan sólo unos centímetros, comunicarse basándose en la carne, (que no besándose) y después continuar cada cual su camino incluso hasta el infinito si hubiera sido necesario y requerido.

Nadie consuma el mal hasta que el otro, en discordia, es capaz de reconocer una herida sangrante en su costado. El mal existe porque hay alguien que sufre daño, hastío o dolor causado por un individuo o causa anexa.


Yo nunca sangré ni tuve dolor alguno. Viví más allá incluso de lo que tú  hubieras podido imaginar. Ese es el único aval que me reitera una y otra vez que en ningún momento perdí el tiempo.

Hice todo cuanto pude por tí. Por tí y por condensar en modo gas al menos el 4% de una felicidad que siempre consideré imprescindible en ti, creo que por la costumbre de tu rostro, muy sonriente y locuaz, luminoso y brillante como las luces de la avenida que me llevaron un día, y sólo un día, hasta la puerta de tu casa. Tú nunca llegaste a verme. Yo a tí tampoco.


Pero juro que te olía aunque no estabas, sentía un calor como inducido y venido de muy lejos. Siempre tuve claro que podría mirarte indefinidamente si en el mirar, fuera implícito el verte feliz constantemente.


Giré y giré en modo constante en torno a una música venida del orificio de un hormiguero subterráneo que comunicaba una isla muy tuya con una isla muy mía, separada por un par de océanos imprescindibles y una decena de meridianos cansados de ser paralelos justo en el centro del hemisferio.

Y todos los barcos que nos comunicaban los hundiste una tarde. Y al verme sentado a la orilla de ésta isla muy mía y no ver barcos procedentes de esa isla tan tuya, he decidido por unanimidad, considerar la zona como catastrófica y condecorarte con la medalla postuma al olvido.


Sin ser más, ni mucho menos, menos, este primer texto del año dosmildiez es un breve resumen del dosmilnueve. Rescata las miserias y las virtudes de un número determinado de personajes que, por diversas causas conocibles, se convirtieron en una parte olvidable de mi vida.




Porque después vino a condecorar las horas más otoñales una lengua viperina. Un ser perdido y desconsolado que berreaba como una orca vespertina un domingo cualquiera, agitada por las corrientes marinas más frias.

Se marchó con todo mi permiso. Eso si antes de marcharse le mandé un mensaje en una botella que recibió 3 días después. Y es que para que el mal triunfe solo es necesario que los buenos no hagan nada...


Yo no hice nada, y el mal triunfó. Y por eso todo se redujo a cenizas y yo celebré tal desastre como si hubiera sido el día del nacimiento de mi primer hijo. Porque tras el desastre vino la certeza de que hay personas que cuanto más lejos mejor.


Como de su vida había hecho un puñado de excusas, vino a ponerme a mí en voga y horca, arrollando pasajes personales y haciéndome perder, "laverdadesosi", un poco bastante el tiempo.

Un punto negativo para aquellas personas que hacen perder el tiempo a los demás...



Una entidad confusa, irrespetuosa, cruel y con un cierto aire nihilista que hace que hoy mismo esté celebrando que entre su vida y la mía haya una franja tan amplia que al espacio resultante muchos llaman "abismo".

 

 De su vida no he vuelto a saber nada. Algo que celebro, ya que preferiría ni tan siquiera recordar que pudiera existir tal entidad borrascosa. La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por si inmoral. 
Incluso los textos que un día escribí para aquella persona, los modifiqué y los dediqué a otras bien diferentes. Más cercanas y con un sentido de la felicidad más desarrollado y promiscuo.

 Feliz hipocresía (como en tu estado) para ti también. 


La libertad es la capacidad de elegir. Si no sabemos elegir, no somos libres.

Hay que intentar en la medida de lo posible no convertirse en Cholesterol. Una persona Cholesterol es un mal digno de ser radicado. Obstruye la fluidez de las cosas. Convierte lo útil en inútil, lo feliz en infeliz, lo sagrado lo convierte en profano, lo fuerte lo hace débil, y nunca al contrario... porque una persona Cholesterol, cuando mira la imagen de la nubes del principio de este texto, sólo piensa en una cosa... oscurecerlas.


NO CHOLESTEROL PERSONS


Actualizaré más a menudo. He estado pensando brevemente todos estos cuarenta días.

Este texto por ejemplo, puede leerse de abajo a arriba o de arriba a abajo y es, por simplicidad, una excepción que hace digna la regla que dice que el orden de los factores no altera el producto.



Un fuerte abrazo para todos.
















2 comentarios:

Espiral dijo...

se hacía notar tu ausencia..

besitos

esther g dijo...

vuelveeeeeee pleaseeeee!!
un beso guapo!

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