viernes, 7 de mayo de 2010

wonderful dices...


Mírate.


Ahora ya sí puedes mirarme.

No sé si te has dado cuenta de la cantidad de veces que ha cambiado la dirección del viento esta noche.

Sabes que puede depender de múltiples factores. Yo sin embargo no sé nada.
A veces me ocurre incluso que no entiendo con claridad las cosas. E intento dibujarlas para comprenderlas mejor.

Si no soy capaz de dibujar esa cosa, es que no soy capaz de entenderla.

Un dibujo es un esbozo, una técnica de expresión que no pretende planificar, sino que su resultado es una solución en sí misma. Si me expreso esbozando lo que no entiendo es más que probable que acabe por entenderlo a golpe de trazo. A veces incluso dibujando uno puede trazar líneas estructurales que ayuden a asimilar aspectos de la estructura interna de las cosas que, a simple golpe de vista, o de palabra, no sería capaz de proyectar.

Si no logro dibujar aquello que no entiendo, entonces es que quizás es algo que no está hecho para comprenderse. Simplemente está ahí, pero no para ser comprendido sino tal vez simplemente concebido. Que ya es bastante.

A veces las personas concedemos a la prisa y a la improvisación nuestras emociones. Decimos que algo no nos gusta o que no lo queremos tal que así no porque no nos guste, sino porque algo ulterior nos lo impide. Casi siempre es una esperanza definida por datos que no tenemos o que desconocemos, otras veces es por una simple sensación. Otras veces miedo, miedo a todo o incluso miedo a nada. Otras la inmadurez o el habitáculo lleno de pájaros que no paran.

Pero las mayoría de las veces es un resquicio del pasado que se vuelve una especie de gigante muy "fuertudo" que nos intimida recordándonos el pasado.

Otras veces es la sensación de que, nada ni nadie podrá hacernos mejorar la situación en la que ya estamos.

Así que entonamos un NO. Y olvidamos. A veces obviamos o cerramos conversaciones de repente, así como de la noche a la mañana.

Creo que soy quien soy porque he aprendido a no cometer los errores de aquellas personas a las que besé. Y de las que no besé he aprendido que nunca adquiriré sus costumbres. Si su risa y también su prisa.

Así que uno se va educando impávido y mimado por todo lo que le sucede alrededor. Lo bueno y lo malo. Porque para mí, ese mal que tú me haces es el bien que tú no te mereces. Ni hoy ni mañana. Y porque yo reconozco que todas las cosas desagradables que viví de aquellas personas que dudan incluso de su propia vida, no son sino pequeños destellos que hoy me hacen lamer una colmena con risa circundante.

He tenido siempre la suerte de no condicionar mi presente y la honradez de ser siempre claro, conciso (aunque no breve) y muy directo. Quizá eso me ha concedido, con el tiempo, la virtud de ser una especie de Perséfone lleno de tentáculos y sonrisas. Esto por aquí, aquello por allá...

Por eso me gustan todos los días. En los que hay sol y en los que no. Los días en los que recorra 400 kilómetros y aquellos en los que solo recorro 4, o esos en los que voy al mercado bien temprano porque me gusta oler todas las cosas a reciente y esos otros en los que no voy ni al mercado ni hacia el oeste.

No me importa el día. Sólo me importa abrir los ojos y encontrarme de nuevo conmigo mismo. Recordarme una vez más cuáles son los sueños que persigo, estirarme en un lugar a la intemperie y guiñar un ojo a cualquier objeto, cosa o ser que se ponga por delante en ese preciso momento. Son las 8:05.


Hoy he cocinado porque no entendía algo. Me apetecía esculpir y comer. Sorprenderme a mi mismo. Salir un poco por momentos más allá de la capa de ozono y absorber algo cósmico.

Así que he hecho lo primero que se me ha pasado por la cabeza.

Iba cogiendo de aquí y de allá lo que más me apetecía. Bizcocho. 

Voy a hacer algo con bizcochocolate.

Y me he puesto a improvisar. Reconozco que una luz como hedionda, muy naranja y extravagantemente cálida entraba por la ventana de la cocina y lo impregnaba todo de un color a veces empalagoso. Incluso las cortinas, la mesa y los utensilios.

Y eso me ha hecho sentarme más de una vez perpendicular a los rayos mientras sentía orgásmicamente fluir el templado resquicio de temperatura de esa luz... Oh si.... sigue... no pares.... (eso si, sin gemir. Era un estadio interior el que hablaba sin hacerlo exterior).

W.

Porque sin saber cómo ni por qué, salió W.

Quizá por wonderful, por water o por what?

Pero si es: what?... entonces quiere decir que no lo entiendo...

Y lo que no entiendo, termino por comérmelo...







Disfruten de su estancia.

Abran las puertas.

Ventilen los espacios.

Sean osados: sueñen.





1 comentario:

Espiral dijo...

Eres un crack!

Me quedo con este texto, lo pienso imprimir y pegarlo en algún rinconcito guapo de la casa, donde me guste esconderme a leer o pensar en mis cositas.

Es de los que más pisitividad me han transmitido.

Un besito, guapo.

(He leido tu mensaje, no te preocupes, estoy bien, es que no coincidimos! Te escribiré un mail)

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