jueves, 20 de enero de 2011

mi cocina

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Mi cocina bien podría ser tu cocina.

Aquí últimamente paso la mayor parte del día, porque hay una luz muy llana y debidamente constante. No importa que fuera haya niebla, nubes abundantemente opacas en un cielo cubierto con su inmensa capota gris o que la tarde llegue a su fin impasiblemente. Esta cocina muestra siempre su cara más límbica, y va acogiendo minuto a minuto cientos de tonalidades distintas con forma de espectro visible. No hay nanómetro que se escape, ni por ende onda electromagnética. Desde un púrpura por la mañana recién hasta un ámbar sibarita cuando la tarde da el relevo a la noche.

Es fácil enamorarse en ésta cocina. Sonreír y no decaer. Levitar incluso ó meditar. Es fácil encontrar consuelo en el mosaico encriptado en la superficie, o en silbido del viento leve y suave con las ventanas y las alcobas.

Más sencillo aún es encontrarse, como Nimó, uno a si mismo. Y especular con distintas formas. Trabajar en la cocina mezclando elementos, basándose en ellos, dependiendo de su importancia.

El proyecto de diseño en el que ahora ando sumergido requiere de mi atención constante. Sé que esta vez no puede ni habrá rutina en el trabajo, entre otras cosas porque nunca la hubo ni debió haberla. Así que me he rodeado de olores, del color de esos mismos olores y de formas que a veces incluso llegan a ser indefinibles. No me importa. Forma parte del proceso no conocer o desconocer lo que siento o veo, a veces incluso lo que padezco. Porque eso deriva en nuevas formas que a su vez, cuando la tetera pita de un modo alarmante sobre el fuego, deriva en otras y así descendiendo en otras ramas más diversas.

Y la luz invierte el proceso. Y el rumor leve de las personas y las cosas que confluyen en un mismo punto de la calle, de un lado a otro, allí afuera, tornándose como una rueda que gira continua o como un goteo continuado mientras mi perra observa atenta.

Por la noche, esta misma cocina es invadida por una luz excitante que proviene de una farola cercana. Y entonces nacen sombras grotescas donde uno puede esconderse y refugiarse del miedo, la desidia o el malestar común. Y parece de día si uno se lo propone firmemente.

Yo he pasado muchas noches refugiado dentro de ésta y aquella sombra. Temiéndome a mí mismo y tiritando de pánico y desazón. Y ha amanecido más bien tarde que pronto, mientras yo, sin saber cómo ni a qué, miraba a través de la ventana esperando ver obrado el milagro de una luz que algunas noches llegué a suplicar.

He sufrido el silencio de un centenar de noches cualesquiera, calándome por entre los huesos y rasgándome las vísceras. He sentido el arrepentimiento pulsándome en la boca, amargo y rápido, como una enfermedad que galopa intrépida por la sangre y disipa el conocimiento hasta volverlo inservible ó poco lúcido.

He sentido la soledad tanto que un día se hizo corpórea y ocupó el asiento de enfrente, acomodada como una diva en una cama floralmente conocida.

Y sin embargo, todo aquel naufragio sirvió para que hoy vuelva a sentirme igual pero con la experiencia asumida de que, ésta noche, más que nunca, tengo motivos para sonreír y sentir la mentira dándome hálito firme en la nuca. Encontrarle el punto divertido. Como el que juega a hacer daño y lo hace porque forma parte de un automatismo. Y el que lo sufre huye despavorido antes de que el daño leve se convierta en atropello ó quemadura.

Qué será de aquel que lo dió todo por una esperanza inservible. Bienaventurado seas. Y de aquel que quiso creer y creyó en el presente y encontró que el presente no existe para quien vive mejor reviviendo un pasado por conveniencia. Y usa los mismos términos, y descalifica igual y sorprende de la misma forma y dice no o no dice nada y en el nada contiene el no enmascarado en una perífrasis que lo único que viene a decir es que, gramaticalmente he muerto.

Y una vez muerto, asciendo, creo, a los cielos y ahora sí, encuentro una paz posible. Y encuentro una luz y una ventana, y un sonido ahora sí más universal y corpóreo. Y siento que no me importa haber pasado a mejor vida, y que del desprecio deduzco la adivinanza. Y encuentro relación entre mil cosas que antes parecían inconexas.

Bienaventurado aquel que refleja en otro lo que el sufre. Que si juegas conmigo yo jugaré. Y si me rechazas yo rechazaré al más próximo, por despecho, para sentirme bien y comprender al prójimo.

Es una noche donde encontraré sueño plácido. Porque hoy sé cosas que ayer no sabía y que sí me quitaban el sueño.

En ésta cocina, las mejores ideas son aquellas que nunca se cumplen.

Por eso, mi cocina, bien podría ser tu cocina.

Y a partir de hoy, debes sentir que, cuando entres en la cocina, te encontrarás una felicidad que no esperabas.

No traten como algo prioritario a quien les trate como una opción posible solo si el plan A falla. Y si alguien no quiere verles, celébrenlo no dejándose ver y desaparezcan… como si la tierra los hubiese devorado al fin.

Un fin de blog.

Feliz noche. Bienaventurados sean.

4 comentarios:

Claudia C dijo...

Me encanta tu cocina!! Si es que encima cocinas tan bien... :).
Yo viendo esas dos sillas ahi tan solas me entran ganas de ocupar 1. :).Seria tan feliz con tanta luz ahi.....
El texto me ha puesto los pelos de punta! Si es que... Me haces sentir tantas cosas...
Lo que no entiendo es "un fin de blog""?? Eso que es?

Un beso enorme en esta mañana soleada! Guapoooo! :)

PD: Samanta no pierde el tiempo. Jajajjaja!

Espiral dijo...

Me explicas lo de "Un fin de blog"?

María Salamanca dijo...

Joder, que bonita tu cocina....
Estaria muy bien tomarse un desayuno ahí contigo... con mi cara de sueño y mis pelos recien despierta...

Un besazo lindooo!

Anónimo dijo...

Jose, me gusta mucho el texto y la cancion es muy bonita. Mucho.
Y la foto es muy bonita. Ojala tuviese yo una cocina asi.

Qué te voy a decir, pues que eres muy inteligente.

Ya hablaremos.

Un abrazo especial para ti tambien! y de nada hombre...

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