miércoles, 22 de septiembre de 2010

algo contigo

chemamadoz
Si el tiempo acompaña en este domingo de septiembre, tú y yo dejaremos de vernos al amanecer. Yo me vestiré a un lado de la cama y tú en el otro extremo, cada uno sus ropajes. De manera inconsciente yo llevaré tu perfume en mi piel y tú el mío por doquier, en pequeñas dosis aisladas por todo tu cuerpo. Nos miraremos como si fuésemos dos extraños incluso, como si de diferentes especies se tratara. Y al cruzar el umbral de la puerta dejaremos de ser lo que creíamos ser para convertirnos en polvo de estrellas.
Hoy el profesor va a tener que perdonarme pero no tengo otra capacidad hoy que la de escribir lo que escribo. Es mas que necesario, lo prometo.
Porque hoy es uno de esos días en los que vago por ahí como flotando en una especie de seminube precoz, sin enterarme absolutamente de nada. Por momentos siento incluso que pierdo el humor, la sensibilidad en las manos y me duele la cabeza como nunca antes. Se me agotan las ideas y todo huele a fracaso exprés, del que duele al tragar porque hierve. No me siento triste, pero por poco. Hay una mezcla extraña de sensaciones hasta en las tazas y los círculos.
He intentado separarlas en 3 grupos para que dejen de extrañarme tanto y lograr deshacerme de al menos dos y quedarme con una sola para evitar la confusión y el hastío. Normalmente suelo conseguir apartar en cada redil las diferentes sensaciones, y eso siempre me ha permitido tomar decisiones rápidas y acertadas sobre qué hacer y cómo comportarme ante las diferentes situaciones que hayan podido planteárseme en la vida. A todos nos ha pasado alguna vez. Y todos hemos salido más o menos vivos del intento.
Se dice que nuestro instinto es en al menos un 70% fiable. Es decir, que cuando suceden cambios en lo que nos rodea (sean personas u objetos, paisajes o estados) nuestro cuerpo los percibe y los interpreta. Sea el cambio significativamente a un estado mejor o peor, nos adaptamos a él para, sobre todo, modificar nosotros también nuestros hábitos de conducta. Un cambio en algo supone también un cambio de circunstancia.  Los cambios son transformaciones. Y las transformaciones son visibles y perceptibles y requieren de una adaptación en suma. Los motivos son numerosos y evidentes, se trata de una actualización por pura supervivencia.
Llevo varios días eligiendo caminos que no llevan a ninguna parte. Todos ellos desembocan en el mismo lugar de partida. No importa si en uno de ellos me detengo un tanto más, si reflexiono y señalo las cosas más importantes, si me quedo la voz en expresar mi más vivo deseo de quedarme a su lado por motivos que podría enumerar uno a uno durante horas. Da igual, al final, desemboco en la misma salida, la luz me ciega un poco y cuando consigo ver, encuentro los mismos páramos baldíos, y el mobiliario emocional exactamente igual que lo dejé antes de partir de nuevo. 

Aunque este inicio pudiera parecer trágico, mi mente a llegado a su punto más álgido. Ahora que se agota el día y todo se simplifica por descarte de lo que no se ve más allá de un palmo, es cuando siento un remanso de paz inmenso y me siento aún más capaz de todo. Sé mucho mejor quien soy y de qué soy capaz, e incluso si me lo propongo podría trazar un plano exacto de la ciudad tomando como referencia las luces de todas y cada una de las angostas avenidas hasta el centro histórico. Esa sensación no la había tenido hasta hoy. Y lo vivido ha sido una vida mensual tan exquisita que ya nadie podrá arrancármela.
Por eso su distanciamiento, su rechazo y su offside ya no importan. No podemos hacer nada cuando el tren se aleja, nadie va a detenerlo. No podemos. Sólo nos queda agitar el pañuelo desde el andén y recordar los momentos más maravillosos. Lo demás es pura demagogia. Los trenes no se detienen, hay que dejarlos marchar. Tienen un recorrido, una hora de llegada y un destino fijado.
Me resulta liviano metaforizar con los trenes. Creo que lo hago desde que un día tuve que pasarme horas en la estación del Norte de París. Inmensa y muy transitada. Allí pueden verse mil historias de calado diferente. Parejas que se despiden temporalmente o para siempre, matrimonios que se rompen, amigos que se despiden sin saber hasta cuándo. Y todos ellos toman un tren, abandonan la vida presente y se dirigen hacia ese punto de fuga tan alejado en el horizonte. Los que se quedan, suelen darse media vuelta y dirigirse hacia el lado contrario, totalmente opuesto del mapa que dibuja la estación sobre el suelo de París.
Nunca vi a nadie detener un tren, tampoco vi a nadie perseguirlo. Aquellas personas, unas y otras, habían decidido tomar caminos diferentes. Quien se montaba en el tren, se alejaba y definía una nueva vida. Quien se quedaba, pensaba durante algunos segundos y después comenzaba su marcha escaleras arriba.
Me ayuda mucho pensar que hay un tren donde ella está subida y que yo llevo deteniendo unos días. Convencido totalmente de que ella va a decidirse bajar y acompañarme escaleras arriba dirección a los Champs Elysées donde todo es gloria y mazapán. Pero es cierto que cuando alguien monta en un tren no es para bajarse. Eso sólo ocurre en el cine.

Nunca vi a nadie bajarse de un tren a no ser que fuese en su destino.
A veces, nos ocurre que renegamos una y otra vez de asimilar la realidad. La transformamos dándole otros tintes favorables, que nos permitan continuar con la esperanza de que todo irá a mejor. Pensamos que dando lo mejor de nosotros mismos lograremos alcanzar lo que nos proponemos y además con cierto éxito. Pero en el amor eso no sucede tal que así.
Todo lo que hacemos, pensamos o deseamos dependerá siempre de la otra persona. Si esa persona no está, todos los esfuerzos que puedan imaginar de ustedes mismos, multiplicados por cualquier cantidad por muy exagerada que sea, no serán sino absurdos e inválidos.
Es como si ustedes, pretendiesen detener un tren con su propio cuerpo.
Es por ello que lo mejor es que se aparten, piensen unos segundos y continúen escaleras arriba, dirección a los Campos Elíseos.
Siempre es mejor que dejarse arrollar por un tren que nunca, jamás, podrán detener.
Asumir la realidad tal y como es, es el principio de un tiempo mejor que está por venir, es adaptarse para una supervivencia necesaria, tanto mental como emocional.
Tengan un más que feliz día, y, aprovechen el tiempo.
Les agradecería que me enviasen sus trabajos. Sus reflexiones son importantes para mi.
Y gracias por sus comentarios y sus correos electrónicos, muchas gracias.

8 comentarios:

Martina dijo...

Me encanta... que manera tan bella de reconocer que alguien (importante para vos por lo que veo) se va.

Hay partes del texto que me ponen los bellos de punta.

Estoy fascinada con usted.

Deseo que se recupere pronto de ese estado, yo también lo pasé hace poco tiempo...

Un abrazo enorme para vos

Mario Fonseca dijo...

Sin duda, esa persona se está alejando.

Los cambios son por desamor y a usted lo veo bastante sensato.

Aléjese y evitará un atropello.

Estaré encantado de enviarle mi reflexión.

Marcela dijo...

Es usted tan lindo...

Nos encontramos Charlando sobre su texto ahora en el aulario.

Me encanta su capacidad para expresarse.

Besos

Marcos Olivares dijo...

Estoy con usted, ese tren no se puede detener. Me he emocionado con el texto de hoy porque yo viví hace justo ahora un año la misma situación.

No me aparté y me arrolló. Pero todo se olvida.
Gracias de todos modos por recordarme ese momento.
Yo también crecí mucho a raíz de ese momento.

Es un placer.

Laura dijo...

¿Y si coges un camino que no te lleve mas a ese lugar baldío?
El problema es que todos los caminos que vos coges van a dar a la vía de ese tren.
Y si lo seguís cogiendo solo conseguirás que te atropelle.

Mi reflexión mas apresurada es esa. Vaya camino de los Campos Elíseos, es el unico modo de que no le atropelle. Ella no lo va a acompañar, usted ya lo sabe.

Tene claro que si vos le importas, ella ya se habría bajado del tren.

Feliz día para vos también.

Luis Maria Gonzalez dijo...

Este es uno de los mejores textos suyos que he leído.
No lo pase mal. Como usted bien dice, ha hecho muchas veces el camino y de maneras diferentes. Si no le ha servido de nada, estoy con Laura en que debe usted irse a los Champs Elysees.

Sabe que? Me gustaria expresarme como usted y mas aun en momentos asi.

Reciba un abrazo.

Carlos dijo...

Antes digale lo que siente por ella. Eso le hara sentir mucho mejor a usted.

Yo al menos si lo haria. Aunque parezca que no tiene sentido seguro que usted sabe que de lo ultimo que se puede decir, eso es de lo mejor.

Es lo único nuevo que se me ocurre. Lo demás ya lo ha dicho usted todo.

Un abrazo genio.

Espiral dijo...

Echaba de menos un texto tan tan puro.. Gracias.

En cambio, tú cada vez estás más lejos. Eso me duele mogollón; más que lo que he sentido al leerte, y pensar que puedes estar triste, y no sueltas, ni compartes, ni gritas.

Sigo estando aquí, ya lo sabes. Sigo siendo algo lejano, hasta que nos sentemos uno frente a otro de una puta vez a tomar un café bien dulce.Mientras tanto, sigo estando aquí.

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