lunes, 9 de agosto de 2010

fly me to the moon

jose manuel sobrino

 

Se me olvidó… aqui os la dejo…

Pero despacio… sin prisa… quiero ver como nos alejamos tan lentamente que incluso ni nosotros mismos lleguemos a darnos cuenta…

Anoche escribí una entrada después de una semana. Bienvenidos a la Nada.

Entonces hice clic en “publicar entrada”, cerré sesión y me fui a dormir. Eran las 4:14. Después de una larga tarde de trabajo a contrarreloj, nada mejor que publicar algo que se convierta en la prueba fehaciente de que, más allá de lo escrito es difícil que exista algo. Acaso sueño, y tal vez alguna que otra premonición mientras bebo mi ultimo vaso de agua (con su correspondiente piiiiiii no sonoro de baja frecuencia emitido por alguna zona activa del cerebro).

 

A las 9 de la mañana estaba otra vez en marcha. Reconozco que anoche me mantuve levitando de espaldas con la mirada perdida en el techo, pensando en la felicidad, en los abrazos, en tardes como las de hoy, en mi modo absurdo a veces de entender las cosas… así me imaginé hasta 23 techos diferentes desde el mío hasta la ionosfera. Cuando menos lo esperaba caí rendido ante la evidencia del sueño que ya llevaba amenazándome desde una hora antes.

Lo cierto es que me he despertado con una energía desbordante. Por aquí, por allá… buscaba agua, naranjas, leche, útiles y una pieza de fruta, mientras me despejaba con agua el rostro he cantado emulando a Sinatra (Fly me to the moon… Let me play among the stars… Let me see what spring is like on Jupiter and Mars…) y en el estribillo, de la emoción con el bote de jabón como micrófono, me he dado un buen golpe con el toallero… pero el momento merecía la pena… In other words!!!!! please be true!!! In other words… I love you!!! y zas! “fin del amor” dicho por un toallero.

Ha sido un despertar magnifico. No para todos… mi vecina ya me ha dicho que intente no emocionarme más los domingos por la mañana… y mi hermano ha escrito un aviso en el frigorífico… “A la próxima llamo a la policía. Me da lo mismo que seas mi hermano.”

Yo entiendo a todos. Pero… yo no tengo la culpa… es algo que sale de dentro. Si lo paro… rompo cosas y me da vueltas el cuello, como si de una toma de William Friedkin se tratara.

El caso es que he desayunado tarareando al menos 8 o 9 canciones más. He sacado a pasear a mis perras durante al menos media hora y he estado escuchando otras 7 canciones que he ido tarareando como bien podía…

Cargando energías para lo que me esperaba… un día donde sí o sí debía terminar un proyecto que o terminaba hoy o creo que hubiera ido a la cárcel…

Todo el día concentrado… relajado… no he dudado en coger la pelotita que siempre tengo cerca y lanzarla de un lado a otro… pensando… mezclando unas cosas con otras… recordando… concluyendo… si pienso en esto… no no no… vuelve atrás… empieza… asi… si… sigue…

Y a las 8 de la tarde, como sabía que ya estaba por concluir, he hecho lo que nunca había hecho. Porque he sentido un estrés impropio… parecía incluso que no era mío, que alguien me lo ha puesto ahí sin venir a cuento…

Así que he cogido las llaves del coche, la cámara, mi cuaderno de dibujo y a los dos animalitos, y me he “fugado” a un lugar cualquiera, con algo de remoto e inaccesible. Buscaba altura. Algo donde poder lanzar cosas y que bajen, sin miedo a que puedan caerme encima una vez las lanzase.

Y una vez allí, después de caminar unos 25 minutos a pie… voi-lá, helo aquí, esta magnífica estampa de cielo dorado, de aire corrompido por una luz alimentaria, llena de un olor imaginario a dulce… a cosa practicada con entusiasmo… de aves migratorias sobrevolando la miseria de unos campos agostados y desérticos.

He subido todo el camino de riscos dudoso entre la sombra. Contento por no sentir el calor inundándome por doquier. Pero de repente, al llegar a la cumbre… Una fuente de luz muy expansiva me ha dado de frente hasta casi cegarme. (Bendita ceguera ámbar).  Es como si esa luz activara todo un complejo circuito en nuestro interior… desde allí puede verse todo… a un lado y a otro. El norte despejado, el sur muy lejano, el este ascendente, y el oeste… el oeste inmenso y con una pizca de eterno entre los dientes… pero nada mas lejos de la realidad… en cuestión de minutos allí ya no quedaba nada de lo que hubo… apenas una decena de sombras chinescas producidas por unas rocas abruptas dispersas por toda la reducida llanura. Mi sombra proyectada medía tanto como un edificio de 4 plantas, enorme, extensa, ojalá que infinita.

 

Me he emocionado tanto que me he alejado del borde, por miedo a caerme, a que ese “Sinatra molestón de las 9 de la mañana de un domingo primero de agosto” resurja en mi y entone algún tema tan rítmico que pierda el equilibrio y caiga al vacío…

Quita quita… mejor me quedo a dos metros… No tengo prisa… ni calma… pero esta sensación intermedia entre no prisa y no calma… está produciendo un hormigueo hasta en los animales, estos y aquellos que se ordenan en el cielo para sumir el viaje en una constante compañía.

Allí he sentido que era imposible pensar, no al menos en ese preciso momento. El sol lo inunda todo, todo se ilumina dentro y fuera. Puedes ver y sentir cosas, relacionar momentos… uno se siente otra cosa, tal vez incluso no humana, sino de otra especie que refleja luz  sin saber cómo ni por qué. La piel se transforma y se vuelve parte del paisaje, ámbar y expansiva. Todo aquello delante de mi se dibuja en una silueta perfecta.

 

Todo se queda mudo, no se escucha nada, acaso un tímido viento que, leve, lo sume todo en una calma constante e inducida.

Cálido el aire, me ha hecho regresar con apenas luz hasta el desfiladero y poco a poco, he vuelto a casa, conduciendo mientras cantaba a viva voz: Fly me to the moon…

 

Después, he llegado a casa, he intentado ordenarme un poco, y he continuado. Ahora que he terminado todo, siento placer. Placer de saber que lo que he hecho va a causar una sensación que, tal vez, lleve algo de esa luz que, hoy, es más mía que nunca. Todo por dejarme llevar, por decir basta, por tomarme la licencia de decidir (aunque sin rumbo fijo) que hoy, el día, me reservaba un momento irrepetible.

Yo he estado ahí. Ya nadie podrá quitármelo jamás.

 

Bienvenidos a la Nada + una luz ámbar.

Buen comienzo sin duda.

Vida completa.

Gracias por sus comentarios y sus correos electrónicos por el escrito de ayer.

Descansen.

1 comentario:

Espiral dijo...

Por qué se me hace un nudo en la garganta cada vez que te leo?

Tengo muchas ganas de charlar contigo. Aparca un milímetro el curro que tengas, y comparte. Porfa. Que te hecho mogollón de menos.

Besote

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